Aunque la reforma laboral impulsada por Javier Milei contaba con respaldo legislativo y parecía encaminada a aprobarse, en las semanas previas varias compañías avanzaron con despidos y retiros incluso bajo el marco vigente de la Ley de Contrato de Trabajo (20.744). La pregunta se repitió en cámaras empresarias y sindicatos: si la “modernización” prometía reducir costos e incertidumbre, ¿por qué acelerar las desvinculaciones antes de que cambiara la norma?
Según el profesor de Derecho Laboral de la Universidad Austral, Alejandro González Rossi, en la mayoría de las pymes la decisión no se toma pensando en especular con la nueva ley, sino por una razón más directa: la cuenta diaria dejó de cerrar. La caída del consumo, el freno de la actividad y la presión de competir con productos importados erosionaron márgenes y empujaron a muchas firmas a achicar estructuras para sostenerse, aun sin cerrar plantas ni áreas completas.
Además, varios empleadores concluyeron que la reforma, en materia de despidos e indemnizaciones, no cambia tanto como para “esperar”. El nuevo esquema ajusta el cálculo en algunos casos puntuales —por ejemplo, al dejar afuera ciertos pagos no habituales como bonos, plus vacacional o aguinaldo—, algo que impacta más en salarios con remuneraciones variables o altas por productividad. También introduce cambios en la antigüedad para reingresos en determinadas condiciones, lo que puede reducir la liquidación futura, pero no elimina la obligación de pagar ni garantiza un salto drástico en el costo de desvincular.
En paralelo, se profundiza un fenómeno que ya venía creciendo: la expansión de formas de contratación más precarias o “híbridas”, como los trabajadores registrados como monotributistas para tareas típicas de relación de dependencia. Con menos sanciones y un contexto de litigiosidad que muchas empresas perciben como similar, algunos empleadores optan por reconfigurar su plantilla: recortar puestos formales, tercerizar o reemplazar roles, buscando bajar riesgos y gastos fijos.
A esto se suma otra causa cada vez más visible: la reorganización tecnológica. En sectores de servicios y economía del conocimiento, el avance de herramientas digitales e Inteligencia Artificial acelera cambios de estructura, reduce la necesidad de algunas tareas y obliga a reconvertir perfiles a gran velocidad, algo que muchas compañías no logran sostener sin ajustes. Así, el recorte de personal responde menos a “anticiparse” a la reforma y más a un combo de recesión, competencia, presión de costos y transformación productiva, en un mercado laboral que atraviesa una etapa de fuerte retracción.
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