En diálogo con Minuto Fueguino, el referente del Centro de Empleados de Comercio, Daniel Rivarola, analizó el impacto que el cierre de fábricas y la retracción económica están generando en el sector mercantil de Río Grande.
“Hemos recibido la noticia del sector industrial, que seguimos con el cierre de fábricas. Es lo que genera salarios que se gastan en el comercio local”, señaló. Y explicó que la situación responde a un “efecto dominó”: “En virtud de que la gente deja de percibir salarios, deja de gastar. Todo ese salario que se deja de percibir repercute directamente en el comercio”.
En ese marco, detalló que solo en lo que va del año ya se registraron despidos en el sector. “En 2026 tenemos registrados hasta la fecha 22 o 23 compañeros despedidos. Tuvimos cerca de 160 el año pasado y 385 el anterior. Estamos cerca de 550 trabajadores en dos años y dos meses”, precisó.
Además, advirtió que la crisis industrial impacta también en servicios tercerizados, como limpieza y logística. “Los indirectos son los que van a ir cayendo a partir de la baja de estos primeros”, sostuvo.
Rivarola manifestó su preocupación por la informalidad laboral, que —según afirmó— va en aumento. “Cada vez que salimos a la calle a verificar algún comercio, levantamos una piedra y sale el empleo negro”, expresó. Estimó que “entre el 20 y el 25% de esos compañeros están no registrados o registrados media jornada y trabajan ocho horas”.
En ese sentido, explicó que muchas veces, tras las denuncias, el trabajador termina perdiendo el puesto: “El patrón no lo blanquea, espera que pasen un par de meses y vuelve a tomar otro en negro”.
Consultado sobre el crecimiento de ferias y showrooms en la ciudad, aclaró que el gremio representa trabajadores y no comerciantes. “Mientras no tenga empleados de comercio, es una familia que se está generando el mango. Ese mango vuelve al comercio”, indicó, aunque remarcó que debería existir mayor control en materia de aportes e impuestos.
Finalmente, recordó que ya habían advertido sobre este escenario a fines del año pasado. “Le teníamos miedo a enero y febrero. Sabíamos que después de vacaciones íbamos a tener este tipo de incumplimientos, no pensamos que tan graves, pero es lo que nos está tocando”, concluyó.
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