El aumento en el consumo de semaglutida y de medicamentos equivalentes, como Dutide, encendió la preocupación entre profesionales de la salud por su uso sin indicación médica adecuada. La licenciada en Nutrición Natalia Soto advirtió que crecen las consultas y que incluso se registran faltantes en farmacias, impulsados por la búsqueda de soluciones rápidas para adelgazar.
Estos fármacos fueron desarrollados para el tratamiento de la diabetes tipo 2 y la obesidad, pero en los últimos tiempos comenzaron a ser utilizados por personas que no cumplen con los criterios médicos necesarios. “La realidad es que hoy en día se están usando en personas que realmente no lo deberían usar o que no son justo candidatos para utilizarlo”, explicó Soto.
La semaglutida se aplica mediante una inyección subcutánea y requiere una evaluación previa con especialistas, como endocrinólogos, diabetólogos o médicos clínicos. Antes de indicarla, deben analizarse antecedentes hepáticos, renales, tiroideos y otras condiciones de salud. Además, está contraindicada en embarazadas y personas en período de lactancia.
Según explicó la profesional, en Argentina estos tratamientos están indicados para pacientes con un índice de masa corporal superior a 27, es decir, personas con sobrepeso alto u obesidad asociada a otras enfermedades. Sin embargo, la fuerte difusión del medicamento, especialmente a partir de su uso por figuras públicas, generó una demanda que no siempre responde a una necesidad médica real.
El incremento del consumo también provocó desabastecimiento en farmacias, afectando a pacientes que sí lo requieren por indicación profesional. Soto advirtió que en algunos casos se accede al medicamento a través de recetas irregulares o sin el seguimiento correspondiente, pese a que debe ser vendido únicamente bajo receta.
Respecto de su funcionamiento, la nutricionista explicó que estos fármacos actúan sobre el apetito, la sensación de saciedad y la utilización de insulina en el páncreas. “Actúan sobre lo que es el vaciamiento gástrico, la sensación de llenura, la sensación de no tener hambre, entonces dejamos de comer”, describió.
Si bien pueden contribuir al descenso de peso, su uso sin control puede generar consecuencias. Entre ellas, la pérdida de masa muscular, deficiencias nutricionales y mayor riesgo de complicaciones si no se acompaña con alimentación adecuada, suplementación, actividad física y seguimiento profesional.
Soto remarcó que el tratamiento de la obesidad debe ser integral y no limitarse a la administración de un medicamento. “No solamente el médico y la nutricionista, por eso también es re importante que las personas que lo están consumiendo investiguen un poco, vayan con su médico, se asesoren, se fijen realmente si son candidatos”, advirtió.
La preocupación principal, señaló, es que nuevamente se instala la idea de una solución rápida para bajar de peso, sin trabajar sobre los hábitos. En ese sentido, advirtió que si el tratamiento no se acompaña con cambios sostenidos en el estilo de vida, al suspenderlo puede aparecer el efecto rebote.
Entre los antecedentes que deben ser evaluados antes de indicar estos fármacos se encuentran pancreatitis, antecedentes familiares de cáncer de tiroides, dislipemias, hipertensión y otras patologías. Por eso, Soto insistió en la importancia de evitar la automedicación y consultar con profesionales antes de iniciar cualquier tratamiento.
“No hay que comprar cualquier cosa porque sí, ir con tu médico a investigar y ver cómo estamos primero y qué nos recomiendan”, concluyó.
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