El Gobierno nacional confirmó que la Argentina formará parte de la próxima misión lunar de la NASA, Artemis II, que marcará el regreso de vuelos tripulados alrededor de la Luna después de más de cinco décadas.
El anuncio fue realizado este viernes por la Oficina del Presidente, donde se informó que durante la misión se desplegará el microsatélite argentino ATENEA, desarrollado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) junto a organismos científicos y universidades del país.
La misión tiene como fecha prevista de lanzamiento el 6 de febrero de 2026, desde el Centro Espacial Kennedy, en Cabo Cañaveral, Estados Unidos, con una ventana que se extenderá hasta fines de abril.
Artemis II será la primera expedición tripulada a la Luna en más de 50 años. En esta etapa, los astronautas no descenderán al satélite natural, sino que realizarán un vuelo alrededor del mismo, alcanzando una distancia inédita de aproximadamente 72.000 kilómetros de la Tierra, la mayor lograda por seres humanos.
Un satélite argentino en espacio profundo
Durante el despegue se liberará ATENEA, un CubeSat clase 12U diseñado y construido en la Argentina. El proyecto fue desarrollado en conjunto por CONAE y la empresa VENG S.A., con la participación del Instituto Argentino de Radioastronomía, la CNEA, la Universidad Nacional de La Plata, la Universidad Nacional de San Martín y la Facultad de Ingeniería de la UBA.El microsatélite ya fue integrado al sistema de despliegue del cohete Space Launch System (SLS), el más potente construido por la NASA, y se encuentra en Estados Unidos listo para su lanzamiento.
El despliegue se realizará a más de 70.000 kilómetros de la Tierra, lo que constituirá un récord para un satélite argentino.
Objetivos científicos y tecnológicos
Según se informó oficialmente, ATENEA tendrá como misión principal validar tecnologías críticas para futuras misiones espaciales, aportando datos relevantes a la NASA y elevando el nivel de desarrollo tecnológico nacional.Entre sus tareas se destacan la medición de radiación en órbitas profundas, la evaluación de componentes en condiciones extremas, la captación de datos GPS en órbitas de transferencia geoestacionaria y la verificación de enlaces de comunicación de largo alcance.
Desde el Gobierno subrayaron que la inclusión de Argentina en una misión tripulada de estas características “demuestra el alto nivel de capacidades técnicas y operativas del país”, al tratarse de un programa que exige los estándares más rigurosos del ámbito espacial.
Con este paso, Argentina vuelve a posicionarse dentro de proyectos internacionales de exploración del espacio profundo, con desarrollo tecnológico propio y participación activa en una de las misiones más relevantes de la nueva era lunar.
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