Victoria Garay junto a su hermana y su sobrino están haciendo una cuarentena obligatoria en las residencias de la Universidad de La Punta, que se extenderá hasta el miércoles. Los únicos deseos son llegar a Quines y hacer el duelo en familia.
Para las hermanas Garay, todos los permisos y las disposiciones judiciales llegaron tarde. El Gobierno de San Luís les permitió el ingreso el mismo día que las fuerzas de su padre se acabaron para siempre, en la medianoche del lunes 24 de agosto. La noticia la recibieron en pleno viaje, a mitad de la noche. Devastadas y con más de 3 mil kilómetros por delante decidieron continuar y poder abrazar a su madre.
Desde el miércoles por la noche están en cuarentena, tal como lo dispuso el Comité de Crisis de San Luís, y un día después también la Justicia de Río Grande (Tierra del Fuego), donde residen actualmente.
“Hoy por hoy nos llenamos de interrogantes, porque ayer el Municipio de Quines sacó un comunicado diciendo que las personas del gran San Luís tienen prohibido el ingreso al pueblo”, dijo Victoria en una entrevista exclusiva a El Chorrillero.
Mientras las horas pasan creen que, con una cuarentena hecha y el hisopado negativo, “no habría ningún problema” para que puedan llegar al pueblo del norte y reunirse con la familia.
Viajaron durante tres días por las rutas de la Patagonia y llegaron al puesto limítrofe de Casimiro Gómez, en las últimas horas del miércoles 26: “Los policías nos trataron muy bien, nos dijeron que teníamos que hacer la cuarentena obligatoria en la ULP por 7 días, y firmamos las declaraciones juradas”, agregó Victoria.
“Nos escoltaron patrulleros y llegamos acá a la madrugada, como a las 2 del jueves. La gente de la ULP nos estaba esperando, las instalaciones son lindas, cómodas, pero queremos irnos a casa. Estoy en la misma habitación con mi hermana y sobrino”.
Y contó cómo fue el paso a paso de los 10 pedidos de permiso que el Gobierno de San Luis les rechazó para despedir a su padre, recalcando que nunca se negaron a realizar la cuarentena ni ir en contra de los protocolos sanitarios de la provincia: “Habíamos hablado de que él se iba a la casa de mi cuñada un tiempo para que nosotras podamos hacer la cuarentena ahí”, contó.
“Me respondían que no teníamos domicilio en la provincia y la vía por la cual estaba solicitando el ingreso era propio de las personas que residían habitualmente o tenían domicilio en San Luis. Como que en ningún momento se sentaron a analizar por qué yo era tan insistente, con tantas solicitudes. Los rechazos fueron sistemáticos, y siempre el mismo argumento: no posee domicilio, no es la vía que corresponde”. De ese modo comenzó relatando el inicio de un proceso angustiante.
Recordó que mandó mensajes consultando “sobre qué documentación tenía que adjuntar, los formularios que debía completar”.
“Quería saber qué es lo que me solicitaban y que no estaba cumpliendo para ingresar a la provincia. Al principio era muy formal cómo yo me comunicaba y al final era un ‘por favor’, les suplicaba que me dijeran qué debía presentar y no tenía ningún número para comunicarnos, todo era vía web”, agregó.
Dijo que el primer contacto con una persona lo consiguió el jueves 20 de agosto: “Gustavo, un integrante del Comité, me dijo que podíamos entrar a la provincia pero teníamos que hacer cuarentena obligatoria en el Hotel Aiello. Le manifesté que no teníamos dinero. No estábamos en condiciones y teníamos que solventar un gasto de 3500 km, con combustible”.
También expuso que en la cuarta solicitud “algo les tendría que haber hecho ruido, de por qué necesitaba entrar realmente”.
“Nunca nadie se sentó a ver lo que quería. Yo les mandé una foto de mi padre agonizando porque pensaba que no me creían, pero tampoco tuve respuestas”, se quejó.
Ya pasaron tres días desde que llegaron a tierras sanluiseñas, y cinco desde que Martín Garay falleció. No han podido abrazar a su madre, y lo único que pudieron hacer es una videollamada.
“Estar encerrada acá es bastante triste, a veces no encontramos consuelo, pero tratamos de pasar el tiempo tolerando esto, aunque nos atendieron muy bien. Queremos ver a mi madre, a mis hermanos. Cuando lleguemos a casa podremos tomar consciencia de que papá no nos va a esperar, que no nos va a recibir, aunque uno sigue pensando que está. No asimilamos que se fue”, contó.
También reflexionó que, si la situación de su padre y todo lo que tuvieron que vivir sirve para otras personas, “bienvenido sea”. Opinó que “siempre tiene que haber un antecedente de una situación para poder mejorar”.
“Estamos viviendo una situación extraordinaria que nos excede a todos, pero hay situaciones excepcionales que entiendo deberían ser más flexibles”, pidió.
“Hoy nos pasó a nosotros. Pero la semana que viene le puede pasar a alguien más. Mucha gente de otras provincias me escribió que están pasando por una situación familiar similar. Estos días vi un caso en que la hija está internada en salta, el hombre en Jujuy, y con un PCR negativo pudo ir a verla a una clínica, y yo no pude entrar para ver a mi papá en casa”, agregó.
Entrevista: Néstor Miranda.
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