El mercado laboral argentino muestra un escenario complejo para los jóvenes y para quienes se desempeñan por cuenta propia. Según el relevamiento del segundo trimestre del INDEC, la desocupación general se ubicó en el 7,9%, pero entre los jóvenes los niveles son considerablemente más altos.
Los datos reflejan que la desocupación alcanza al 17% de las mujeres jóvenes y al 14% de los varones jóvenes, cifras que duplican o se acercan a duplicar el promedio general. Esta diferencia expone las dificultades que enfrentan quienes buscan acceder a sus primeras oportunidades laborales, especialmente en empleos registrados, con aportes, obra social y cobertura social.
La analista María Migliore advirtió que la falta de cobertura también tiene impacto en la vida cotidiana. En ese sentido, señaló que algunos clubes deportivos ya detectan más chicos sin apto médico o sin obra social, una situación que puede limitar su participación en actividades que requieren controles de salud.
Otro de los puntos señalados en el informe es el impacto de la automatización y la inteligencia artificial sobre tareas que suelen formar parte de los primeros empleos. Actividades como redacción, elaboración de informes, programación básica o trabajos administrativos pueden ser reemplazadas parcialmente por nuevas tecnologías, afectando incluso a jóvenes con formación universitaria.
En paralelo, el trabajo por cuenta propia fue el único segmento que mostró crecimiento. Actualmente representa el 25% de las personas ocupadas y, en el último año, unas 300.000 personas se incorporaron a esta modalidad.
Sin embargo, dentro de ese universo conviven realidades diferentes. Hay quienes eligen desarrollar una actividad independiente y quienes recurren a esa alternativa porque no logran acceder a un empleo formal. En ambos casos, las condiciones laborales pueden ser muy distintas.
La informalidad aparece como uno de los principales problemas. El 65% de los trabajadores independientes se desempeña sin registración, una proporción muy superior al 37,9% registrado entre los asalariados. Esto significa que una parte importante de quienes trabajan por cuenta propia no realiza aportes jubilatorios ni cuenta con obra social u otras protecciones vinculadas al empleo formal.
Entre las actividades donde suele registrarse esta situación aparecen oficios, trabajos de albañilería, electricidad, emprendimientos gastronómicos y otras ocupaciones que pueden desarrollarse sin inscripción formal ni facturación.
Migliore planteó que el sistema de protección social continúa pensado sobre un modelo de empleo estable y en relación de dependencia, mientras que el mercado laboral actual presenta trayectorias más fragmentadas, cambios frecuentes de ocupación y períodos sin aportes.
En ese marco, el debate apunta a cómo construir mecanismos que acompañen a los trabajadores durante esos cambios y garanticen acceso a salud, jubilación y cobertura social, más allá de la modalidad laboral en la que se desempeñen.
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