La relación entre empleados y superiores continúa siendo uno de los puntos más sensibles dentro del mundo laboral argentino. Aunque en el último año se observó una leve mejora en la imagen que tienen los trabajadores sobre sus jefes, el malestar sigue siendo alto y todavía influye de manera decisiva en la intención de abandonar un empleo. De acuerdo con un relevamiento reciente de Bumeran, la percepción negativa sobre los mandos bajó del 52% al 49%, pero aun así una gran mayoría reconoció haber pensado en renunciar por problemas con su superior directo.
El informe muestra que el conflicto no se limita a una cuestión de autoridad, sino que está vinculado con la forma en que se ejerce el liderazgo. Entre quienes tienen una visión desfavorable de sus jefes, el reclamo más repetido es la falta de reconocimiento, seguido por la escasa escucha y la ausencia de confianza en las capacidades del equipo. En contrapartida, los aspectos más valorados por los trabajadores pasan por la cercanía, la comunicación clara, el acompañamiento profesional y la posibilidad de contar con autonomía en las tareas.
Los datos también reflejan una distancia marcada entre ocupar un cargo jerárquico y ser visto como un verdadero líder. En Argentina, el 59% de los trabajadores considera que su jefe no cumple ese rol, una cifra que ubica al país entre los más críticos de la región en esta materia. Desde el área de Recursos Humanos la mirada tampoco es alentadora: creció con fuerza la proporción de especialistas que describen como deficiente el liderazgo dentro de sus organizaciones, mientras sigue siendo muy baja la cantidad de quienes lo califican como excelente.
Pese a ese escenario, la encuesta también deja ver una expectativa de cambio. Una amplia mayoría de los trabajadores manifestó interés en asumir en el futuro puestos de conducción, pero con una lógica distinta a la que hoy cuestionan. La intención predominante es construir ambientes laborales mejores, acompañar el crecimiento de otros y contribuir de forma más directa al desarrollo de la empresa, en una señal de que el liderazgo empieza a ser pensado desde una mirada más colaborativa y humana.
Sin embargo, el desafío no parece estar siendo abordado con suficiente decisión por muchas compañías. Según el estudio, en gran parte de las organizaciones no existen estrategias concretas para corregir problemas de liderazgo cuando aparecen. En algunos casos se aplican planes de mejora, evaluaciones o capacitaciones, pero la falta de políticas sostenidas sigue siendo una debilidad. En este contexto, el trato cotidiano con los jefes se consolida como uno de los factores más determinantes para la permanencia o la salida de talentos en el mercado laboral argentino.
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