En los últimos tiempos comenzó a visibilizarse con mayor frecuencia entre adolescentes una identidad conocida como therian, un término que utilizan algunas personas para describir una conexión profunda o identificación interna con un animal. La situación suele generar dudas y preocupación en familias que no conocen el significado del concepto ni cómo abordarlo.
Según explican profesionales de la salud mental, en la mayoría de los casos no se trata de un trastorno, sino de una forma de exploración de la identidad propia durante la adolescencia, una etapa caracterizada por cambios emocionales, sociales y psicológicos.
La licenciada en Psicología especializada en adolescencia, Mariana Torres, explicó que este tipo de manifestaciones suelen estar vinculadas a procesos normales de búsqueda personal. “La adolescencia es un momento de construcción de identidad. Los jóvenes prueban roles, pertenencias y formas de expresarse para entender quiénes son. Identificarse como therian, en la mayoría de los casos, tiene más que ver con lo simbólico y emocional que con una creencia literal de no ser humano”, señaló.
La especialista remarcó que lo más importante es la reacción del entorno familiar. “Cuando un hijo comparte algo así, lo fundamental es escuchar sin ridiculizar ni invalidar. El rechazo o la burla generan distancia emocional y pueden afectar la confianza. La clave es preguntar qué significa para él o ella y acompañar desde el vínculo”, indicó.
Los profesionales también destacan que este tipo de identidades no suele representar un riesgo si no interfiere con la vida cotidiana, la escolaridad o las relaciones sociales. Sin embargo, recomiendan prestar atención si aparecen señales de aislamiento extremo, angustia, depresión o confusión con la realidad, situaciones en las que puede ser útil consultar con un especialista.
Torres explicó que validar emociones no implica necesariamente aceptar todas las creencias. “Los padres pueden decir: ‘No entiendo del todo lo que sentís, pero quiero acompañarte’. Eso fortalece el vínculo y permite que el adolescente se sienta seguro para hablar”, afirmó.
Los especialistas coinciden en que la mayoría de estos procesos forman parte de etapas evolutivas que con el tiempo se resignifican o cambian, y que el acompañamiento familiar respetuoso es el principal factor protector para el bienestar emocional de los jóvenes.
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