Un reciente estudio científico encendió alertas en la comunidad internacional al confirmar que los terremotos en aguas profundas del Océano Antártico están generando cambios directos en la superficie del mar y en los ecosistemas de la región.
Investigaciones publicadas en la revista Nature Geoscience demostraron que la actividad sísmica bajo el océano favorece la liberación acelerada de hierro y otros nutrientes desde el fondo marino hacia las capas superiores del agua. Este proceso provoca gigantescas floraciones de fitoplancton, organismos microscópicos fundamentales para la vida marina y para el equilibrio climático del planeta.
El fitoplancton constituye la base de la cadena alimentaria del océano: alimenta al kril y a pequeños peces, que luego sostienen a especies como ballenas, focas y pingüinos. Además, cumple un rol clave en la captura de dióxido de carbono, ayudando a regular el clima y a producir parte del oxígeno que se respira en la Tierra.
El estudio analizó registros sísmicos e imágenes satelitales entre 1997 y 2024 y detectó que, cuando se producen terremotos de magnitud considerable meses antes del verano antártico, las floraciones alcanzan dimensiones excepcionales. En uno de los casos, una mancha de fitoplancton llegó a cubrir más de 260.000 kilómetros cuadrados, una superficie comparable a la de un país entero.
Los científicos explicaron que los sismos activan respiraderos hidrotermales ubicados a casi 1.800 metros de profundidad, permitiendo que broten fluidos cargados de minerales esenciales. Contrariamente a lo que se creía, estos nutrientes no tardan décadas en ascender, sino que pueden llegar a la superficie en semanas o pocos meses, alterando los modelos tradicionales sobre el funcionamiento de los océanos.
El fenómeno no solo impacta en la vida microscópica. También se ha observado un aumento de la presencia de grandes animales marinos en estas zonas luego de eventos sísmicos, lo que confirma que un proceso geológico puede repercutir en toda la red alimentaria.
Los investigadores advirtieron que este mecanismo podría tener un papel clave en la capacidad del océano para absorber carbono, lo que obliga a revisar proyecciones climáticas. Además, señalaron que situaciones similares podrían estar ocurriendo en otras regiones del planeta con intensa actividad sísmica submarina.
El hallazgo abre una nueva línea de estudio sobre cómo los movimientos de la Tierra influyen directamente en la salud de los océanos, en la biodiversidad y en el equilibrio climático global.
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