A bordo de un vehículo centenario y movido por una historia familiar profundamente emotiva, Julio Dupont emprendió una aventura poco común por la Ruta 3 con destino final en Ushuaia. El protagonista de esta experiencia viaja en un Ford T modelo 1924, completamente original, al que bautizó “Haydée” en homenaje a su abuela.
La travesía comenzó el 3 de marzo en Algarrobo, provincia de Buenos Aires, y desde entonces se convirtió en mucho más que un simple recorrido por el país. Dupont avanzó acompañado por otras personas, sumando kilómetros, anécdotas y encuentros a lo largo del camino, en una experiencia que combina memoria, pasión por los autos antiguos y el deseo de concretar un sueño personal.
Según relató, el nombre del viaje nace del recuerdo de su abuela, quien en su juventud también conducía largas distancias en un Ford T para reencontrarse con un amor. Esa historia familiar fue el punto de partida de una idea que hoy lo tiene muy cerca de cumplir una meta que parecía impensada: llegar al Fin del Mundo en un automóvil con más de un siglo de vida.
Dupont remarcó que el auto nunca fue restaurado y que mantiene intactas sus piezas y huellas del paso del tiempo. Justamente ese detalle es uno de los aspectos que más llama la atención de la gente en cada parada, donde no faltan la sorpresa, la emoción y la admiración al ver que una reliquia mecánica de semejante antigüedad sigue andando por las rutas argentinas.
El viajero aseguró que alcanzar Tierra del Fuego representa la concreción de un anhelo muy profundo. Definiéndose como un soñador, sostuvo que el verdadero valor de la travesía no pasa sólo por el destino, sino también por todo lo vivido en el camino: las personas conocidas, las historias compartidas y la posibilidad de seguir construyendo recuerdos arriba de un vehículo que parece detenido en el tiempo.
Con la llegada prevista a Ushuaia, el periplo de “Haydée” se encamina a uno de sus momentos más simbólicos. Para Dupont, alcanzar el extremo sur del país en un Ford T de 1924 no sólo es una hazaña mecánica, sino también un gesto de homenaje, perseverancia y amor por las historias que atraviesan generaciones.
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