En pleno corazón de la Antártida Argentina, la Base Belgrano II alberga un espacio singular: una capilla excavada íntegramente en el suelo congelado, que funciona como centro espiritual para el personal que cumple funciones en uno de los entornos más extremos del planeta.
El oratorio está dedicado a Nuestra Señora de las Nieves Antárticas y se encuentra emplazado sobre el Nunatak Bertrab, en la bahía Vahsel, a unos 1.300 kilómetros del Polo Sur. Allí, en un paisaje dominado por temperaturas que pueden descender por debajo de los 50 grados bajo cero, la fe encuentra un ámbito de recogimiento en medio del hielo perpetuo.
La ubicación de la base expone a sus habitantes a ciclos climáticos extremos: cuatro meses de oscuridad total durante la noche polar y otros cuatro de luz solar continua en verano. En los meses invernales, las auroras australes iluminan el cielo y acompañan la vida cotidiana de científicos y militares que integran la dotación.
De acuerdo a registros históricos y testimonios pastorales, esta capilla es considerada el templo católico operativo más austral del mundo. Su historia se enlaza con las primeras celebraciones religiosas realizadas en territorio antártico a mediados del siglo XX, cuando sacerdotes acompañaban las misiones argentinas en condiciones todavía más precarias.
El mantenimiento del recinto y el abastecimiento de elementos litúrgicos se realizan durante las campañas de verano, cuando el acceso a la base es posible mediante buques rompehielos que atraviesan el Mar de Weddell. Desde allí, los suministros deben recorrer varios kilómetros sobre terreno congelado hasta llegar a la base.
El espacio sagrado cuenta con un Sagrario para la reserva del Santísimo Sacramento, estaciones del Vía Crucis y una imagen de la Virgen de Luján, símbolos que refuerzan el acompañamiento espiritual permanente a quienes pasan largos meses aislados del resto del país.
Desde 1995, el Obispado Castrense de la República Argentina sostiene una estructura formal de Pastoral Antártica que garantiza la asistencia religiosa a científicos, militares y tripulaciones. Esta presencia busca ofrecer contención espiritual y mantener un lazo profundo con las tradiciones y creencias, aun en el confín más austral de la Patria.
En ese punto donde convergen ciencia, soberanía y trascendencia, la capilla de hielo de la Base Belgrano II permanece activa como un testimonio silencioso de la perseverancia humana frente a la inmensidad del continente blanco.
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