Ese “encendido” súbito generó una coma intensa y una cola gaseosa que llegó a estimarse de hasta 2 grados de longitud en algunas tomas. Hacia fines de octubre, durante su acercamiento a la Tierra (a unos 0,27 UA), se estimó un brillo entre magnitud +5,6 y +6, accesible con binoculares bajo cielos oscuros.
En noviembre, sin embargo, el panorama cambió: su magnitud ronda valores cercanos a +8, lo que dificulta la observación sin telescopio. A esto se suma la sospecha de una posible fragmentación del núcleo, a partir de registros del Observatorio del Teide a mediados de octubre. SWAN se transformó así en un cometa tan vistoso como impredecible.
Aunque los pronósticos iniciales eran prudentes, su comportamiento sorprendió: en torno a su máximo llegó a una magnitud cercana a +4, según análisis de Sky & Telescope, lo que lo convirtió en un blanco ideal para prismáticos e incluso potencialmente visible a simple vista bajo cielos muy oscuros.
Las imágenes procesadas revelan una cola llamativa, con aspecto trenzado, llena de nudos y condensaciones visibles en exposiciones largas. La mejor oportunidad para seguirlo fue alrededor de su mayor aproximación a la Tierra, el 21 de octubre de 2025, cuando se ubicó a unos 0,60 UA.
En noviembre, el cometa ya inició su declive, con un brillo que se desplaza hacia magnitudes +5 a +6, más difícil de captar sin ayuda óptica. Su órbita sugiere un período de alrededor de 1.350 años, un visitante de largo período que no volverá en muchas generaciones.
Un análisis preliminar señala dos fragmentos principales de brillo similar, separados aproximadamente 2.000 km, además de un tercer trozo más débil y pequeño. Este proceso ilustra cómo los cometas responden a una fuerte excitación térmica: el intenso calentamiento solar puede comprometer la estructura interna y terminar en la ruptura del núcleo.
Antes de desintegrarse, ATLAS K1 ya se había vuelto notable por su aumento de brillo desde su descubrimiento en mayo de 2025, impulsado por la sublimación de sus hielos y la formación de una coma reflectante con una cola bien definida. Ahora, cada fragmento actúa como un “mini cometa”, con su propia actividad, brindando a la comunidad astronómica una ocasión poco frecuente para estudiar la evolución de los trozos en tiempo real.
Durante su perihelio, en octubre de 2025, quedó alineado con el Sol desde nuestra perspectiva, lo que lo hizo invisible desde la Tierra al quedar sumergido en el resplandor solar. Superada esa conjunción, el objeto ha reaparecido en el cielo previo al amanecer, observable con telescopios. Con instrumentos modestos se percibe como una mancha difusa de magnitud cercana a +10.
Las observaciones han revelado rasgos muy particulares. Estudios fotométricos indican que el color de su coma cambió (de más rojizo a más neutro) al acercarse al Sol, junto con variaciones en la producción de polvo. Mediciones polarimétricas señalan una “polarización negativa profunda y estrecha”, inusual respecto de los cometas típicos del Sistema Solar.
Por su parte, datos del telescopio espacial James Webb (JWST) muestran que la coma está dominada por dióxido de carbono (CO?), con una razón CO? / H?O muy alta. Esto sugiere un núcleo rico en hielos poco comunes en los cometas solares. En conjunto, 3I/ATLAS funciona como una muestra física de otro sistema planetario, clave para entender cómo se forman y evolucionan los cuerpos helados en diferentes regiones de la galaxia.
Para astrónomos aficionados y curiosos del cosmos, la propuesta es clara: levantar la vista, preparar los instrumentos y convertirse en testigos directos de un espectáculo celeste que combina belleza y ciencia en partes iguales.
Una ventana cósmica poco frecuente
No es habitual que tantos cometas observables coincidan en el cielo:
Además, muchos de estos fenómenos pueden seguirse con equipamiento modesto: binoculares, telescopios pequeños y aplicaciones astronómicas actualizadas bastan para sumarse a la experiencia.
1 – C/2025 R2 (SWAN): un estallido brillante y un futuro incierto
El cometa SWAN fue identificado en imágenes del instrumento homónimo a bordo del observatorio solar SOHO y anunciado el 11 de septiembre de 2025. Solo un día después, el 12 de septiembre, alcanzó su perihelio, muy cerca del Sol, lo que disparó una fuerte actividad de sus hielos internos.
2 – C/2025 A6 (Lemmon): un clásico que superó las expectativas
El cometa Lemmon fue descubierto el 3 de enero de 2025 por el Mount Lemmon Survey y alcanzó su perihelio el 8 de noviembre de 2025, a unas 0,53 unidades astronómicas del Sol.
3 – C/2025 K1 (ATLAS): el cometa que se rompió después del perihelio
El cometa ATLAS K1 aportó el capítulo más dramático de esta temporada. Tras su perihelio del 8 de octubre de 2025, comenzó a mostrar signos de inestabilidad. Imágenes obtenidas entre el 11 y el 12 de noviembre con el telescopio Copérnico de 1,82 m, en el Observatorio de Asiago (Italia), revelaron que el núcleo se había fragmentado al menos en tres grandes pedazos.
4 – 3I/ATLAS: un visitante de otra estrella que reaparece
Entre todos, el cometa más exótico es 3I/ATLAS, catalogado como un cometa interestelar: su órbita indica que no está ligado gravitacionalmente al Sol y que procede de otro sistema estelar.
Dónde mirar desde Sudamérica
Para quienes observen desde el hemisferio sur, una guía rápida para orientarse:
Al caer la noche, conviene buscar hacia el suroeste, poco después del atardecer.
Un poco más tarde, ya con el cielo oscuro, se recomienda barrer con prismáticos la zona oeste–suroeste, cuando el cometa se encuentra algo más alto sobre el horizonte.
Antes del amanecer, hay que apuntar el telescopio hacia el sector indicado por las apps astronómicas (por ejemplo, alrededor de la constelación de Virgo, dependiendo de la fecha).
Dado que sus fragmentos se desplazan con rapidez y ocupan posiciones discretas, es clave consultar efemérides actualizadas, como las de Cometografía, para ubicar cada trozo en el cielo.Consejos para aprovechar la temporada de cometas
Una invitación a mirar el cielo
Esta rara coincidencia de cuatro cometas observables convierte a noviembre de 2025 en una verdadera temporada de descubrimientos. Lemmon y ATLAS K1 representan la cara más clásica —y a la vez frágil— de los cometas del Sistema Solar; SWAN muestra lo rápido que puede encenderse y apagarse un visitante helado, y 3I/ATLAS nos recuerda que, más allá de nuestro vecindario cósmico, otros sistemas también envían sus mensajeros de hielo y polvo.
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