El verano no solo llena rutas, playas y aeropuertos: también dispara el movimiento de dinero y, con eso, aparecen estafas pensadas para aprovechar el clima de “relax” típico de las vacaciones. Entre viajes, salidas y compras rápidas, muchos bajan la guardia con la seguridad digital y terminan haciendo pagos sin chequear datos clave, un descuido que puede salir caro.
En las últimas semanas se multiplicaron reportes de maniobras vinculadas a tarjetas y códigos QR, especialmente en destinos turísticos con alta circulación. La expansión de los pagos electrónicos agilizó la vida del viajero, pero también abrió nuevas oportunidades para el fraude: desde clonación de plásticos en comercios hasta códigos adulterados en puestos informales.
Uno de los engaños más habituales ocurre cuando el personal se lleva la tarjeta para cobrar lejos de la vista del cliente. Ese instante alcanza para copiar datos y luego usarlos en compras online o para clonar el plástico. Los especialistas señalan que los mecanismos antiguos —como la banda magnética— son más vulnerables, mientras que el “sin contacto” y los pagos desde apps mantienen el control en manos del usuario.
Con el QR, la trampa suele ser más silenciosa: pegan un QR falso encima del verdadero o manipulan el cobro para que el dinero vaya a otra cuenta. También está la estafa del “error de pago”: el cobrador dice que no entró la operación por falta de señal y pide repetirla; el resultado puede ser un doble cobro que recién se detecta cuando se revisa el resumen.
Para reducir riesgos, la regla de oro es simple: la tarjeta no se pierde de vista. Si no hay posnet inalámbrico, conviene acercarse a la caja. Y con QR, antes de confirmar hay que revisar tres cosas: nombre del destinatario, monto y moneda en pantalla. Un segundo de verificación puede evitar un problema enorme.
Además, ayuda mucho activar alertas inmediatas de consumo en el banco o la billetera virtual, para detectar movimientos raros al instante. Sumar límites diarios de gasto mientras dura el viaje también funciona como “cinturón de seguridad” ante un uso no autorizado.
Por último, la conexión importa: hacer operaciones financieras en WiFi pública (hotel, bar, plaza) aumenta el riesgo de robo de datos. Siempre que se pueda, es mejor usar datos móviles, mantener el celular actualizado y proteger el acceso a las apps con biometría o PIN. En vacaciones, desconfiar un poco también es parte del descanso.
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