La misión se llevó adelante en el marco de un convenio de cooperación entre el INTA y el Comando Conjunto Antártico, que desde hace varios años impulsa el mantenimiento y desarrollo de estos sistemas de cultivo en condiciones extremas.
Durante su estadía en la Antártida, ambos técnicos realizaron trabajos de mantenimiento general, pintura, ordenamiento de instalaciones, relevamientos y colocación de iluminación, además de tareas específicas en los techos de los módulos para asegurar su correcto funcionamiento.
“Vinimos a realizar algunas tareas nuevas, ordenar, pintar y hacer mantenimiento general. En la base Esperanza reconstruimos algunas cosas que faltaban y reacomodamos instalaciones. También trabajamos en Marambio haciendo este tipo de tareas”, explicó Alexis Cárdenas.
Por su parte, Roque Sepúlveda detalló que también se realizaron relevamientos técnicos y trabajos de mejora en el sistema de producción hidropónica, lo que permitirá garantizar el funcionamiento de los módulos durante los próximos meses.
Un viaje al continente blanco
Los técnicos fueron seleccionados entre distintos trabajadores de estaciones experimentales del INTA y lograron llegar a la Antártida en enero de 2026, luego de un primer intento fallido en diciembre debido a las condiciones climáticas que impidieron el aterrizaje del avión.Durante la misión recorrieron tres bases antárticas: Petrel, donde estuvieron de paso, y las bases Esperanza y Marambio, donde se concentraron las tareas de mantenimiento.
“Es un lugar muy distinto a lo que uno imagina. Hay mucho frío y nieve, pero también espacios para actividades recreativas. Es una experiencia inolvidable y no es fácil llegar a la Antártida”, expresó Cárdenas.
Producción de verduras en condiciones extremas
Los módulos hidropónicos instalados en las bases permiten cultivar verduras como rúcula, lechuga, perejil y otras hortalizas, algo especialmente valorado por las dotaciones que pasan largos períodos en el continente blanco.Sepúlveda explicó que contar con vegetales frescos es un aporte importante para la alimentación de quienes trabajan en las bases, ya que la mayoría de los alimentos deben conservarse en cámaras de frío durante meses.
“Para las dotaciones es muy importante. Tener una rúcula fresca para una pizza o una lechuga para una ensalada es algo espectacular”, señaló.
Antes de finalizar la misión, los técnicos dejaron preparada la solución nutritiva y el sistema listo para continuar la producción, tarea que quedará a cargo de las propias dotaciones con el acompañamiento del equipo del proyecto, dirigido por Jorge Birgi del INTA Santa Cruz.
El balance de la experiencia fue altamente positivo y permitió dejar los módulos en condiciones para continuar abasteciendo de verduras frescas a las bases argentinas en la Antártida.
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