La distracción, además, no se limita a quien tiene el dispositivo en la mano. Alzú remarcó que uno de cada cinco chicos dice perder el foco por el uso del celular que hacen sus compañeros, lo que termina generando un clima de dispersión generalizado dentro del aula. A eso se suma otro factor clave: alrededor del 38% de los alumnos no desactiva las notificaciones durante las clases y muchos sienten presión por responder mensajes o permanecer “online”, interrumpiendo tareas y consignas.
Desde la salud mental, el psiquiatra Lucas Raspall señaló que la evidencia científica en educación viene mostrando que los dispositivos digitales interfieren en la atención y afectan el rendimiento cognitivo. También alertó que, en promedio, los jóvenes en Argentina usan el teléfono entre siete y ocho horas por día, y que en los últimos años se observó un aumento de trastornos de ansiedad, del estado de ánimo y otros problemas asociados.
En la misma línea, Darío Álvarez Klar, director de la Red Educativa Itínere, describió cómo la lógica de las aplicaciones basada en estímulos breves y repetidos dificulta sostener la concentración y favorece respuestas automáticas. Según explicó, a mayor tiempo de uso del celular con redes sociales, tienden a bajar los resultados académicos, junto con la comprensión y el pensamiento crítico. También advirtió que la exposición temprana e intensiva puede influir en procesos neurocognitivos y en el bienestar emocional.
Por último, Alzú subrayó que la discusión no es solo de convivencia escolar: existe una relación marcada entre más uso y distracción del celular y peor desempeño en Matemática, un dato que vuelve a encender el debate sobre límites, acuerdos y políticas escolares para ordenar el uso de tecnología sin que se convierta en un obstáculo para aprender.
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