El juicio por el hundimiento del ARA San Juan sumó un nuevo testimonio que permitió reconstruir detalles de la última navegación del submarino hasta Ushuaia y aportó información sobre el estado operativo de la unidad antes de emprender la etapa final de la misión que terminó con la desaparición de sus 44 tripulantes.
El testigo integró la dotación del submarino durante el trayecto entre Mar del Plata y Ushuaia, aunque desembarcó en la capital fueguina para cumplir una comisión previamente acordada con la Marina de Brasil. Según declaró ante el Tribunal Federal de Santa Cruz, tenía previsto completar toda la misión junto al resto de sus compañeros y aseguró que nunca pidió bajar de la nave.
La travesía comenzó el 25 de octubre de 2017 y concluyó con el arribo a Ushuaia el 4 de noviembre. Desde allí, el ARA San Juan debía continuar con ejercicios junto a unidades de superficie en cercanías del estrecho de Magallanes y luego desarrollar una patrulla de control del mar antes de regresar a Mar del Plata.
Durante su declaración, sostuvo que el submarino navegó habitualmente entre los 40 y 60 metros de profundidad y afirmó que no existían elementos que hicieran sospechar sobre la seguridad de la embarcación. “No tenía miedo de salir en el submarino. Consideraba y considero que estaba en condiciones de navegar”, expresó.
El marino también destacó el nivel de profesionalismo de la tripulación y señaló que nunca escuchó cuestionamientos internos sobre la posibilidad de cumplir la misión. “Mi opinión personal es que la tripulación tenía un nivel de profesionalismo muy alto”, aseguró.
Entre las novedades registradas durante el viaje a Ushuaia mencionó un problema en una tapa vinculada a la escotilla de baterías de proa, que generaba ruidos y vibraciones, y un inconveniente con sensores del sistema de snorkel, que provocaron la detención de los motores diésel en dos oportunidades. Según explicó, ambos problemas fueron corregidos durante la navegación.
Otro episodio recordado ocurrió durante el tránsito por el Canal Beagle, frente a Puerto Williams. Allí, una aeronave chilena sobrevoló la zona y lanzó sonoboyas al mar. El hecho fue informado al arribar a Ushuaia y, según indicó, buscaba obtener la firma acústica del submarino para tareas de inteligencia.
Además, describió el clima previo a la continuación de la misión desde la capital fueguina. Señaló que algunos tripulantes estaban entusiasmados con el viaje y otros debían postergar compromisos familiares. “Había muchos que estaban contentos y otros que estaban relegando cuestiones personales por la navegación”, relató.
El debate oral se desarrolla en Río Gallegos desde marzo y ya reunió a más de 90 testigos. En la causa se juzga a cuatro ex altos mandos de la Armada por presuntas negligencias vinculadas con la zarpada del submarino.
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