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Malvinas

Islas Malvinas: del descubrimiento hasta el fin de la guerra

El reclamo argentino de soberanía sobre las Islas Malvinas sigue latente e irrenunciable a casi dos siglos de la ocupación por parte del Reino Unido y 39 del fin de la guerra que marcó para siempre a nuestro país.


Las islas Malvinas están situadas en el Mar Argentino a unos 600 km, aproximadamente, de la costa patagónica, poseen una superficie de 11.718 km2 y se compone de dos islas principales, Soledad y Gran Malvina, y aproximadamente 200 islotes más pequeños.


El origen de la disputa está en su descubrimiento, cuestión que la historia nunca pudo esclarecer con certeza. España, Reino Unido y Francia se atribuyen haber llegado por primera vez al archipiélago a principios del 1500, cuando comienza a aparece en los mapas y cartas de navegación.

A partir del año 1765 fueron ocupadas por las autoridades españolas del Virreinato del Río de la Plata, luego de algunos hechos diplomáticos y militares entre Francia, España y Gran Bretaña.

En la década de 1820 las autoridades argentinas con asiento en Buenos Aires toman posesión de las islas empleando el mismo principio que constituyó la Nación Argentina e incluso nombrando a Luis Vernet Gobernador de las islas el 10 de junio de 1829. El 3 de enero de 1833 las islas Malvinas fueron usurpadas por la corbeta británica Clio, quienes expulsaron a las autoridades argentinas vigentes.


Guerra de Malvinas
Dicha situación se prolongó hasta el 2 de abril de 1982, año en que se dio inicio a la Operación Rosario, es decir la recuperación de las islas por fuerzas militares argentinas, dando inicio al Conflicto de Malvinas de 1982. El pabellón nacional flameó hasta el 14 de junio de 1982 en las islas, momento en el cual fueron recuperadas por el Imperio Británico.

En 1981, la dictadura cívico-militar autoproclamada Proceso de Reorganización Nacional padecía una decadencia política. Existía una oposición grande al régimen motivado por las violaciones a los derechos humanos desde mediados de la década de 1970. Además, el país sufría una crisis económica grave.

El 11 de diciembre de 1981, la Junta Militar, integrada por el teniente general Leopoldo Fortunato Galtieri, el almirante Jorge Isaac Anaya y el brigadier general Omar Domingo Graffigna, depuso al presidente militar Roberto Eduardo Viola, encumbrando en la primera magistratura al propio Galtieri, quien juró el día 22. El almirante Anaya convenció a Galtieri de despeñar a Viola si a cambio este disponía la conquista de las islas Malvinas.

El 5 de enero de 1982 la Junta Militar tomó la decisión de realizar una acción militar si las negociaciones diplomáticas no progresaban, encargando un estudio de Estado Mayor reducido, integrado por un representante de cada fuerza armada. Los representantes fueron el general de división Osvaldo Jorge García, el vicealmirante Juan José Lombardo y el brigadier mayor Sigfrido Martín Plessl.


El objetivo político fijado por los militares argentinos fue el de consolidar la soberanía argentina en las islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur y contribuir a afirmar su pleno ejercicio en el océano Atlántico Sur. El resultado del estudio de los uniformados explicaba que la operación desde el punto de vista militar era "apta, factible y aceptable" y que la fuerza conjunta estaría en condiciones de ejecutar la operación a partir del 15 de mayo de 1982. Asimismo, aclaró que la operación tenía dos condiciones: debía mantenerse bajo el estado de defensa de las islas y debía ser una operación incruenta para minimizar la reacción británica y alentar a la mejor posición negociadora. Habiendo tomado el archipiélago, Argentina procedería a retirar las fuerzas de la operación y mantendría una reducida guarnición.

La “Operación Azul”, así denominada por la Armada, paso a llamarse “Operación Rosario” a instancias de integrantes del Ejército, quienes recordaron que en las Invasiones Inglesas criollos y españoles se pusieron bajo la advocación de la Virgen del Rosario para enfrentar a las tropas invasoras.

En la mañana del 28 de marzo de 1982, tropas del Ejército Argentino y de la Armada embarcaron y pusieron rumbo a las islas a órdenes del Comandante de la Operación, General Osvaldo García, su objetivo era nada menos que desembarcar y recuperar las Islas Malvinas, que se hallaban en manos de la corona Británica desde 1833, es decir casi un siglo y medio de usurpación.

Elementos del Comando de la Brigada de Infantería IX y de la Compañía C del Regimiento de Infantería 25 formaron parte de aquella Fuerza de Tarea, embarcados en el destructor ARA “Santísima Trinidad” y el Rompehielos “Almirante Irizar”. En el Transporte “Cabo San Antonio” se trasladaba a la sección transporte del Regimiento 25 y la sección de tropas especiales, que a cargo del jefe de regimiento participaron con el escalón anfibio en la conquista de la localidad.

El 29 de marzo, ante las inclemencias del tiempo y la agitación el mar que impedía las reuniones de comandantes y jefes, se imparten por radio las ideas rectoras para la operación. En estas instrucciones se establecía la intención de realizar una operación incruenta, es decir que se trataría de evitar causarle bajas al enemigo Británico, aún a costa de sufrir bajas propias.

El 30 de marzo debido las malas condiciones meteorológicas que imperaban en el Atlántico sur, con vientos de más de 70 km/h por aquella fecha, obligaron a posponer la ejecución de la operación, fijando el 2 de abril como día D, fecha en la cual finalmente se llevó a cabo el desembarco y ocupación de las Islas por parte de las fuerzas argentinas.

La toma de la residencia del gobernador inglés y el cuartel de los Royal Marines era los objetivos originales de la misión que inicialmente cumplirían las tropas del Ejército, pero debido a los efectos del clima sobre los helicópteros previstos se le asignó una nueva misión durante el operativo de desembarco: atacar junto con los elementos más adelantados de la fuerza anfibia de desembarco para conquistar la pista de aterrizaje y prepararla para el desembarco de las tropas transportadas por aire, teniendo en cuenta que el lugar estaría defendido por efectivos ingleses con armas automáticas y pesadas.


En la noche del 1 de abril cerca las 21:00 hs, inicia el desembarco la agrupación comandos anfibios desde el destructor ARA “Santísima Trinidad” alcanzando la costa a las 23:45 hs. A esa misma hora, el submarino ARA Santa Fe aportó otros diez buzos tácticos para colocar balizas de radionavegación y ocupar el faro del Cabo San Felipe.

A las 6:15 hs del 2 de abril, desembarcan los vehículos anfibios blindados con el Grupo de Tarea 40.1, integrado por fuerzas de Infantería de Marina y de la sección de la Compañía C del Regimiento de Infantería 25.

La misión era tomar el aeropuerto con el apoyo de fuerzas helitransportadas desde el rompehielos “Almirante Irízar”, limpiar los obstáculos de la pista y permitir que, a partir de las 8:30 hs, comenzaran a aterrizar los C-130 “Hércules” de la Fuerza Aérea con el grueso de las tropas del Regimiento de Infantería 25 que provenían desde Comodoro Rivadavia.

A las 7:30 h, el jefe del “25” informó que había capturado el aeropuerto y se había despejado la pista. A las 8.45 h aterrizó el primer Hércules C-130. A las 9:00 hs, mientras se desarrollaban escaramuzas en cercanías y dentro de la casa del Gobernador de la Islas, las tropas británicas se rindieron al ser superadas por nuestras fuerzas.

Siendo las 12:30 horas del día 2 de abril de 1982, en una emotiva ceremonia se produce con las formalidades de rigor, el arrío de la bandera británica y el izamiento, por primera vez después de 149 años, de la enseña nacional.

Primeros ataques ingleses a Puerto Argentino
A las 4:40 hs del 1 de mayo, un bombardero británico B-2 Vulcan, proveniente de la isla ascensión, descargó un racimo de bombas de mil libras sobre la pista del aeropuerto de Puerto Argentino. Esa incursión ejecutada desde gran altura tomó por sorpresa a la defensa antiaérea argentina que, a partir de ese momento, entró en estado de alerta. La pista sufrió un agujero de veinte metros de diámetro, sin embargo, los Hércules C-130 y otros aviones de menor porte pudieron seguir operando hasta el fin del conflicto.

Los británicos habían dividido sus fuerzas navales en dos grupos de tareas; uno, liderado por el portaaviones “Invencible” que se ubicó al norte de la Isla Soledad, a 130 km de Puerto Argentino; el otro, encabezado por el portaaviones “Hermes”, se situó al noreste, a 93 km de la costa malvinera, desde estos navíos partieron los aviones Harrier y Sea Harrier que atacarían a las fuerzas argentinas.

Más tarde los radares nacionales, desplegados en Puerto Argentino, anunciaron la llegada de nuevas incursiones. Los sistemas de artillería antiaérea conformados por efectivos de Artillería de Defensa Aérea del Ejército Argentino, con misiles Roland, cañones Oerlikon de 35 mm y sus radares y directores de tiro Skyguard, y artilleros antiaéreos de la Fuerza Aérea y de la Armada entraron en acción.

Entre las 7:40 y las 8:35 horas se desarrolló un violentísimo duelo entre aviones británicos y artilleros nacionales. La aviación británica emplea bombas de fragmentación para destruir la pista y otras del tipo BELUGA, cuyo dispositivo hace que exploten antes de llegar al suelo. Otras que se diseminan en un radio de 200 metros y algunas de menor tamaño que detonan al entrar en contacto con el suelo o con retardo de una o dos horas.

Los británicos continuaron con los ataques, pero se encontraron con el fuego cruzado de nuestra artillería de defensa aérea: dos aviones Harriers son derribados por la artillería del Ejército Argentino, uno por misiles Roland y otro por los cañones de 35 mm; un misil Tiger–Cat de la Armada Argentina derribó a un tercer atacante y otros cuatro se alejaron averiados. Las aeronaves enemigas ya no volvieron a intentar atacar volando a baja altura, contentándose con ataques desde gran altitud y perdiendo, de este modo, efectividad.

También fueron atacadas las posiciones argentinas en Darwin, donde encontraba la base aérea militar “Condor”, Puerto Howard y Bahía Fox, aunque con menor intensidad.

Aproximadamente a las 14:30 hs, 3 fragatas y 1 destructor británicos inician un fuerte bombardeo sobre el sector del aeropuerto y las posiciones argentinas que se encuentran al sur de Puerto Argentino. Por la noche se aproximan los barcos reiniciando el cañoneo naval, que produce bajas y deja los radares de vigilancia fuera de servicio.

Se inicia así, para las fuerzas terrestres, la batalla por las islas Malvinas, que se prolongará, sin pausas, hasta el día 14 de junio de 1982, durante 45 días.

Aquel primero de mayo de 1982, la Artillería de Defensa Aérea argentina tuvo su bautismo de fuego, demostrando una gran eficacia al momento de derribar las aeronaves atacantes o hacerlas desistir del ataque.

El 2 de mayo se produce el hundimiento del crucero ARA “General Belgrano” por un submarino nuclear británico, y como respuesta, el hundimiento del destructor británico HMS “Sheffield” por los aviones “Super Etendart” de la Aviación Naval empleando misiles antibuque “Exocet” el 4 de mayo, la Guerra llegaba al punto de no retorno.

A casi 40 años del fin de la guerra de Malvinas que causó 650 muertos del lado argentino y 255 del británico, con centenas de suicidios posteriores y heridas incapacitantes a muchos de los que lucharon, el reclamo nacional sigue vigente, mientras el Reino Unido desoye a las múltiples expresiones de organismos internacionales que defienden la posición de la Argentina.

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