En la Argentina actual, tres de cada diez hogares con niñas, niños y adolescentes siguen restringiendo la compra de alimentos. El dato surge de la 9° Encuesta Rápida de UNICEF y, aunque muestra un alivio frente a 2024, evidencia que el problema persiste.
El relevamiento realizado sobre 1.342 hogares representativos en todo el país registra que el 31% no logra cubrir sus gastos corrientes. La proporción es menor que el 48% medido el año pasado, pero todavía implica a más de dos millones de familias con ingresos insuficientes.
La mejora se explica, en parte, por la desaceleración de la inflación y por la sostenibilidad de políticas de ingresos como la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Prestación Alimentar. En este marco, cayó del 52% al 30% el porcentaje de hogares que debieron saltear comidas. Aun así, uno de cada tres enfrenta dificultades para comprar alimentos, y la cifra trepa al 45% entre los hogares que perciben AUH.
“Que la pobreza infantil haya bajado al 46,1% y la indigencia al 10,2% es una señal alentadora, pero los desafíos siguen y deben estar en el centro de la agenda pública”, señaló Rafael Ramírez Mesec, representante de UNICEF en el país. Sebastián Waisgrais, especialista de la organización, destacó que la AUH se mantiene “casi al 98% del valor de la canasta” y que en el Presupuesto 2025 es de las pocas partidas que crecen en términos reales, gracias al esquema de movilidad que actualiza por inflación.
El informe también enciende una luz amarilla sobre el endeudamiento: 46% de los hogares tiene deudas con bancos, tarjetas, billeteras virtuales o préstamos informales, ocho puntos más que un año atrás. Entre los sectores medios, cuatro de cada diez dejaron de pagar algún servicio; 9% se dio de baja de la medicina prepaga o cambió a sus hijas e hijos de escuela por motivos económicos; y dos de cada diez familias endeudadas no pudieron cubrir el mínimo de la tarjeta.
UNICEF concluye que, aunque los indicadores de pobreza y acceso a la alimentación muestran señales de mejora, persisten desigualdades estructurales que condicionan la infancia y la adolescencia. Por eso, recomienda sostener y ampliar las redes de contención social, con foco en los hogares más afectados, y monitorear de cerca el avance del endeudamiento para evitar que erosione los avances recientes. La encuesta, vigente desde 2020, aporta insumos clave para orientar esas decisiones.
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