El termómetro surge de un informe de Bumeran realizado en septiembre sobre 1.854 trabajadores del país (6.913 encuestas en la región). El dato central: el 86% afirma que su sueldo no cubre las necesidades básicas y el 58% percibe una pérdida de poder adquisitivo en los últimos meses. Apenas un 10% dice haber mejorado; para el 32% todo quedó igual.
“Estos números obligan a preguntarnos si los ajustes salariales alcanzan para acompañar el costo de vida y asegurar condiciones acordes”, planteó Federico Barni, CEO de la plataforma de empleo.
¿En qué se va el dinero? El alquiler lidera como principal gasto mensual para el 43% de los asalariados. Detrás aparecen la alimentación (30%), el pago de deudas (12%), educación (5%), transporte (3%), salud (3%), otros (2%), vestimenta (1%) y recreación (1%).
Cuando hay margen para reservar algo, los destinos se reparten: 31% elige fondos de inversión; 25% compra dólares u otra moneda; 18% va por acciones o bonos; 12% deja el dinero en una caja de ahorro y 7% opta por plazos fijos. Pero la mayoría no llega: las razones para no ahorrar se concentran en que el salario no alcanza (62%), prioridad de pagar cuentas (13%), demasiados gastos (11%), deudas (11%) y otros motivos (3%).
El endeudamiento gana terreno: el 72% de los trabajadores reconoce tener alguna deuda. La señal ya venía encendiéndose: con datos oficiales del Banco Central, la morosidad de familias subió del 2,7% en enero al 5,2% en junio, el nivel más alto desde 2010.
Si mañana hubiera una mejora salarial, el 37% la destinaría a ponerse al día con deudas; el 27% intentaría ahorrar; el 17% la orientaría a alimentación y recreación; el 16% invertiría y un 3% la usaría para otros rubros.
El retrato que deja la encuesta es claro: entre alquileres que pesan, ingresos que se acortan y deudas que crecen, la economía cotidiana se define por el “llego como puedo” más que por la planificación de largo plazo.

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