El costo de vida volvió a golpear con fuerza a los hogares argentinos durante febrero y dejó un dato contundente: una familia tipo, integrada por dos adultos y dos menores, necesitó reunir $1.397.672 para no ser considerada pobre. El dato surge de la evolución de la canasta básica total, que volvió a incrementarse y marcó el umbral mínimo de ingresos para cubrir bienes y servicios esenciales.
La cifra refleja con claridad el peso que siguen teniendo los gastos cotidianos sobre la economía familiar. En paralelo, para no caer en la indigencia, ese mismo grupo necesitó $644.088, de acuerdo con la canasta básica alimentaria, que contempla únicamente lo indispensable para cubrir la alimentación mínima.
Durante febrero, la canasta básica total registró una suba del 2,7% respecto del mes anterior. Aunque el aumento quedó levemente por debajo de la inflación general, que fue del 2,9%, el impacto siguió siendo significativo en los bolsillos. En la comparación interanual, la variación de esta canasta llegó al 32,1%, en una dinámica que continúa muy cerca del ritmo general de los precios.
Por su parte, la canasta básica alimentaria mostró un avance aún mayor: subió 3,2% en un solo mes, superando al índice general de inflación. Además, acumuló un incremento del 9,3% en el primer bimestre del año y un alza del 37,6% frente a febrero del año pasado, lo que expone la presión que todavía ejercen los alimentos sobre los sectores de menores ingresos.
El informe también reflejó que uno de los rubros que más empujó la inflación fue el de Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, con una suba del 6,8%, traccionada principalmente por ajustes tarifarios. En segundo lugar quedó Alimentos y bebidas no alcohólicas, con un incremento del 3,3%, impulsado sobre todo por el encarecimiento de carnes y derivados.
Así, el escenario económico sigue dejando una vara muy alta para millones de hogares, que necesitan ingresos cada vez más elevados sólo para no quedar por debajo de la línea de pobreza. El dato de febrero volvió a mostrar que sostener el consumo básico exige un esfuerzo cada vez mayor, especialmente en un contexto donde alimentos, tarifas y servicios continúan presionando sobre el presupuesto mensual.
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