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Manuel Adorni redobló la polémica por la ropa importada tras los dichos de Luis Caputo: "Explicame dónde se pierden puestos de trabajo"

En medio de la tensión creciente entre el Gobierno y la industria textil, una nueva declaración de alto voltaje volvió a encender la polémica. Esta vez, el protagonista fue Manuel Adorni, quien puso en duda que el aumento de las importaciones implique una pérdida directa de empleos y lanzó una frase que generó fuerte repercusión: “Si importás un jean, explicame dónde se pierden puestos de trabajo”.

Las palabras del jefe de Gabinete se sumaron a una postura ya explicitada por el ministro de Economía, Luis Caputo, quien horas antes afirmó que nunca compró indumentaria producida en el país y cuestionó con dureza los precios del sector.

Ambas intervenciones profundizaron el malestar de los empresarios textiles, que vienen advirtiendo sobre cierres de fábricas y despidos como consecuencia de la apertura comercial.

Luis Caputo y el cuestionamiento al sector textil

El lunes, Caputo se refirió a una de las ramas industriales más golpeadas por la recesión y fue categórico. “Yo no compré nunca en mi vida ropa en Argentina porque era un robo”, sostuvo al ser consultado por los altos valores que enfrentan los consumidores locales.

En esa línea, describió al textil como un sector “emblemático” que recibió protección durante décadas, mientras los argentinos pagaron prendas y calzado “dos, tres, cuatro y hasta diez veces más” que en otros países.

Para el ministro, la política de apertura apunta a corregir distorsiones históricas de precios y a beneficiar al consumidor final, aun cuando eso implique revisar esquemas de protección industrial vigentes desde hace años.

Las palabras de Manuel Adorni

Poco después, Adorni profundizó ese enfoque en una entrevista con LN+, donde fue consultado por el impacto laboral que denuncian las cámaras empresarias del rubro.

Allí planteó un ejemplo hipotético: “Te comprás un jean en Argentina y te cuesta u$s100. Importarlo le cuesta 25. Explicame dónde se pierden puestos de trabajo”.

El planteo dejó varios segundos de silencio en el estudio y derivó en una explicación más amplia. Según Adorni, la función del Estado no es resguardar sectores productivos específicos, sino “los intereses de todos los argentinos”.

En ese sentido, afirmó que proteger a los consumidores implica evitar que paguen una remera cuatro veces más o un jean seis veces más caro que en el exterior.

El argumento del efecto derrame

Tras la reacción inicial, el funcionario avanzó con su razonamiento económico. Explicó que, si el importador paga u$s25 por una prenda que localmente cuesta u$s100, los u$s75 restantes no desaparecen del sistema.

“Con esos 75 se reactivan un montón de otros sectores”, argumentó, al sostener que el ahorro del consumidor y la ganancia del importador generan actividad en otras áreas de la economía.

De manera indirecta, Adorni aludió también a la controversia reciente entre el Gobierno y Techint, luego de que la empresa quedara fuera de una licitación clave para proveer caños sin costura a un gasoducto vinculado a Vaca Muerta. Ese episodio se convirtió en un símbolo del nuevo criterio oficial frente a proveedores locales y competencia internacional.

Datos que preocupan al sector textil

Más allá del debate conceptual, las cifras de la cadena textil-indumentaria muestran un escenario complejo. Estimaciones sectoriales indicaron que se perdieron entre 16.000 y 17.700 puestos de trabajo registrados, lo que representó una caída aproximada de entre el 13 % y el 15 % del empleo total del rubro.

En paralelo, cerraron más de 500 empresas vinculadas a la actividad, un número que equivale a entre el 8 % y el 10 % del entramado productivo.

Para los industriales, estos datos confirman que la apertura comercial ya tuvo efectos concretos sobre la producción y el empleo. Para el Gobierno, en cambio, se trata de un proceso de reordenamiento necesario para bajar precios y recomponer el poder de compra de la población.

La discusión quedó así planteada, entre la defensa del empleo industrial y la prioridad de reducir costos para los consumidores, el debate por la política comercial volvió a instalarse en el centro de la agenda económica.

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