Un nuevo relevamiento regional puso el foco en un problema que convive con la urgencia de los femicidios: la baja concientización sobre las distintas formas de violencia contra las mujeres, especialmente entre los varones. El Índice de Concientización sobre Violencia hacia las Mujeres, elaborado por Fundación Instituto Natura y Avon con encuestas a 1.612 personas mayores de 18 años (junio-julio), muestra que solo el 27% de los argentinos se autoevalúa con un nivel alto o muy alto de conocimiento del tema. La brecha de género es marcada: cuatro de cada diez mujeres dicen estar muy informadas, frente a apenas 16,2% de los varones.
El contraste con la realidad es brutal. En la Argentina se registraron 283 femicidios en 2024 y 307 en 2023, según La Casa del Encuentro. Traducido: un femicidio cada 29 horas. A esas cifras se suman 759 niñas y niños que perdieron a sus madres en ese bienio.
El estudio detecta, además, un subregistro subjetivo. Cuando se pregunta de manera abierta, el 55% de las mujeres asegura haber atravesado situaciones de violencia o discriminación por su género. Pero ese porcentaje salta al 87% cuando se detallan 16 conductas específicas: un salto de 32 puntos que revela que tres de cada diez mujeres no reconocen de inmediato ciertas agresiones como violencia de género.
¿Cuáles son esas conductas? Desde “consejos” o cuestionamientos sobre la vestimenta, celos extremos bajo la excusa de “cuidarte”, presiones u obligación para mantener relaciones sexuales, chantajes con material íntimo y aislamientos de familiares y amistades, hasta la imposibilidad de administrar su propio dinero o decidir sobre su patrimonio. También aparecen la negación de la cuota alimentaria y el intento de justificar hechos violentos por cómo iba vestida la víctima. Tras la física —la más visible—, las violencias verbal y psicológica son las más reconocidas; la económica y la sexual siguen con menor nivel de identificación.
La foto económica no es menor: más de la mitad de las encuestadas (55%) recibió al menos una agresión física a lo largo de su vida y el 43% de quienes padecieron violencia no cobraron en tiempo y forma la cuota alimentaria que les correspondía.
El entorno cercano suele ser la primera red de contención. Las encuestadas señalan que, ante una situación de riesgo, acudirían primero a amigas, amigos y familiares; solo una de cada diez iría a organismos oficiales especializados. Aun así, tres de cada cuatro personas dicen que intervendrían si alguien cercano sufre violencia, y el 97% de quienes estuvieron cerca de una víctima realizó alguna acción concreta para ayudar.
Persisten, sin embargo, “inhibidores” que frenan la intervención. Dos de cada tres personas creen que una mujer en peligro evita denunciar por temor a reacciones más virulentas del agresor. Y el 30% sostiene que “lo que pasa en la pareja se resuelve en la pareja”, una idea más arraigada entre jóvenes de 18 a 25 años y entre mayores de 60, que contribuye a aislar a las víctimas.
Otra creencia extendida: el 82% considera que la violencia no distingue género, orientación sexual, etnia ni origen. Pero ese consenso convive con la dificultad para identificar prácticas cotidianas que constituyen violencia y con una brecha de información que perjudica especialmente a los varones.
Para las organizaciones que impulsan el índice, el hallazgo central no solo cuantifica el problema: ofrece un mapa para actuar. Ampliar el conocimiento —saber escuchar, acompañar, derivar, y evitar conductas que reproduzcan la violencia— es clave para detectar a tiempo, intervenir mejor y, en última instancia, evitar que la punta del iceberg termine en un femicidio.
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