Durante décadas, la producción ovina fue una de las principales actividades del sector rural de Tierra del Fuego. Sin embargo, en los últimos años, la expansión de perros asilvestrados se consolidó como un problema ambiental y productivo que modificó de manera profunda los esquemas históricos de explotación ganadera.
En zonas de estepa y, principalmente, de bosque, los ataques a ovejas se volvieron recurrentes, lo que obligó a numerosos establecimientos a abandonar la actividad. Con el tiempo, la problemática se extendió también a bovinos y terneros, ampliando el impacto sobre el conjunto del sistema productivo.
Hace poco más de una década, la provincia registraba cerca de un millón de ovejas. Esa cifra descendió de forma sostenida hasta ubicarse actualmente por debajo de las 300.000 cabezas, lo que representó una transformación significativa en la economía rural.
En la actualidad, la producción ovina se mantiene de manera limitada en sectores de estepa abierta, mientras que las áreas de bosque y ecotono se convirtieron en entornos favorables para la proliferación de perros salvajes, reduciendo las posibilidades de sostener majadas en esos territorios.
Ante este escenario, algunos productores optaron por reconvertir sus establecimientos hacia la ganadería bovina, incorporando principalmente animales de raza Hereford. No obstante, esta alternativa también enfrenta restricciones vinculadas al clima y a la persistencia de ataques, especialmente sobre terneros.
El número de bovinos en la provincia se encuentra condicionado por los inviernos extensos y las bajas temperaturas, que limitan la capacidad productiva. Además de los ataques directos, se registran pérdidas indirectas asociadas al estrés del ganado, que provoca caídas a cursos de agua y otros episodios.
La población de perros asilvestrados en Tierra del Fuego se estima en alrededor de 25.000 ejemplares. Estos animales se organizan en jaurías, se reproducen sin control y evitan el contacto humano, lo que dificulta su manejo. El bosque fueguino ofrece condiciones favorables para su refugio y expansión.
Los perros asilvestrados son animales domésticos que retornaron a un estado silvestre. Al perder el vínculo con las personas, desarrollan comportamientos de caza grupal, lo que incrementa su capacidad depredadora. Además del impacto sobre la ganadería, se registra afectación sobre fauna nativa y alteraciones en los equilibrios ecológicos.
La problemática también genera consecuencias sociales. La reducción de la actividad ovina derivó en el cierre de establecimientos, abandono de infraestructura rural y pérdida de saberes tradicionales. Asimismo, se observa una disminución de mano de obra en el sector y cambios en eventos vinculados históricamente a la producción ovina.
Productores, municipios e instituciones trabajan en el análisis de estrategias de manejo, prevención y control poblacional. El conflicto entre perros asilvestrados y ganadería continúa en expansión y representa uno de los principales desafíos ambientales y productivos de la provincia.
Compartinos tu opinión