Un estudio realizado por la Universidad de Chile encendió una señal de alerta sobre la falla Magallanes–Fagnano, una de las principales estructuras tectónicas que atraviesa la Isla Grande de Tierra del Fuego. La investigación detectó un sector “bloqueado” a unos 6,5 kilómetros de profundidad, donde la energía sísmica no se estaría liberando de manera progresiva, lo que podría incrementar la probabilidad de un evento de mayor magnitud en el futuro.
El trabajo —difundido por el diario chileno El Pingüino— señala que la falla presenta un desplazamiento promedio de 5,4 milímetros por año. Aunque el movimiento parece mínimo, implica una transferencia constante de energía entre placas tectónicas. El punto crítico es que parte del sistema no estaría liberando esa tensión de forma gradual.
Uno de los aspectos más relevantes del estudio fue la utilización de tecnología GNSS (Sistema Global de Navegación Satelital) con precisión milimétrica, aplicada con alto nivel de detalle en una zona remota. Esta herramienta permitió medir desplazamientos casi imperceptibles en la superficie terrestre y confirmar el comportamiento activo del sector.
El informe también recuerda antecedentes históricos, como el terremoto de 1949, considerado el evento sísmico más importante registrado en la Isla Grande, con epicentro en cercanías de Tolhuin y fuerte impacto en territorio argentino y chileno. Además, en 2025 se registró un sismo cercano a los 7,5 grados en el mar de Drake, dentro del área de influencia regional.
Consultado sobre el estudio, el geólogo Jorge Rabassa, uno de los fundadores del Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC), valoró la seriedad del trabajo y pidió analizarlo con responsabilidad. “Si están expresando su preocupación, lo primero que tenemos que hacer es escucharlos y tratar de obtener los documentos en los que se basaron”, sostuvo.
Rabassa recordó que Tierra del Fuego no es ajena a estos fenómenos. “En 1949 hubo un sismo importante cerca de Tolhuin. Ese episodio quedó en la memoria colectiva. Luego otro menor hacia fines de los 70”, indicó. Y explicó que la ausencia de grandes movimientos durante décadas no significa necesariamente seguridad, ya que la energía puede acumularse hasta superar la resistencia de las rocas.
El especialista hizo hincapié en la necesidad de mayor preparación institucional. “Las autoridades, a nivel nacional, provincial y municipal, deben estar debidamente informadas y trabajar en la máxima seguridad posible”, señaló. También recomendó medidas preventivas a nivel familiar, como contar con mochilas de emergencia con agua potable y medios de comunicación.
“Un evento sísmico puede ocurrir hoy, mañana o dentro de 30 años, pero va a suceder. No sabemos cuándo, pero va a suceder”, advirtió el investigador, subrayando que la advertencia no implica inmediatez, pero sí la necesidad de monitoreo constante y planificación preventiva en una región tectónicamente activa.
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