Luis Schreiber, referente del Centro de Almaceneros de Río Grande e integrante de la Cámara de Comercio local, ofreció una cruda descripción del panorama que dejó el 2025 para los comercios de cercanía. Sin eufemismos, calificó al año como “malo”, marcado por la caída del consumo, el aumento de los costos y una situación de alta fragilidad para los pequeños comerciantes.
Según Schreiber, el contexto fue de extrema complejidad para los almacenes y negocios barriales, que debieron sobrevivir con márgenes mínimos y una presión financiera constante. “Cualquier error puede costarte el negocio. No hay margen para equivocarse. Vivimos con el freno de mano puesto”, expresó con preocupación.
Ventas por el piso y decisiones diarias que duelen
Uno de los puntos más críticos que atravesó el comercio fue la drástica baja en las ventas. Según explicó Schreiber, ya no existe previsibilidad en el flujo de ingresos: “Antes, para el día 10 del mes ya habías cumplido con tus pagos. Ahora te estirás hasta el 25 o más, y muchas veces queda algo sin cubrir”.
Esta falta de liquidez obliga a los comerciantes a tomar decisiones difíciles cada semana: priorizar entre pagar salarios, impuestos, servicios o proveedores. “Siempre algo queda colgado”, lamentó.
En el caso de los almaceneros, la situación es aún más crítica: “Nuestro ingreso depende directamente de la ganancia, no hay un sueldo asegurado. Si no podés pagar, simplemente no ganás”, explicó.
Fiestas con movimiento, pero sin caja
En la antesala de las celebraciones de fin de año, el panorama en las calles no refleja lo que ocurre en la caja registradora. Schreiber describió una escena conocida por muchos comerciantes: “Hay gente caminando, mirando precios, preguntando. Pero a la hora de pagar, la mayoría se va sin comprar”.
Incluso en comercios alimenticios, donde históricamente se registra un repunte en estas fechas, el comportamiento ha cambiado. “Lo que antes era normal, como tener 30 cajas de sidra, hoy es impensado. Si llegás a tener cinco, es mucho”, ilustró.
La incertidumbre sobre el arranque del 2026 también pesa en la toma de decisiones: “El comercio se mueve con muchísima cautela, nadie quiere quedarse con stock que después no pueda vender”, señaló.
El consumo al día: tarjetas saturadas y compras mínimas
Otro fenómeno que Schreiber destacó con preocupación es el alto nivel de endeudamiento de los consumidores, que ahora utilizan las tarjetas de crédito no como una solución de emergencia, sino como medio habitual para acceder a lo básico.
“Las tarjetas antes eran para imprevistos, hoy son para el pan de cada día”, explicó. Esa realidad impacta directamente en los hábitos de consumo: las compras grandes desaparecieron y se reemplazaron por adquisiciones mínimas y diarias.
“La gente compra por comida. Ya no existe eso de llevar para tener. Llevan lo justo para el almuerzo o la cena, porque no hay resto y no se puede desperdiciar nada”, detalló.
Una economía en modo supervivencia
El diagnóstico de Schreiber es claro: el comercio de cercanía está operando en modo supervivencia, resistiendo a diario con márgenes estrechos, incertidumbre total y consumidores agobiados por la deuda.
A pesar del escenario adverso, aún persiste la voluntad de sostener la actividad. “Nos cuidamos al máximo, ajustamos todo lo posible. Pero vivimos al límite”, concluyó.
Su testimonio refleja una postal extendida en toda la ciudad: la del pequeño comerciante que, en silencio y con esfuerzo, sostiene el pulso de la economía local aún en tiempos donde la esperanza también parece haberse achicado.
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