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Río Grande

El recuerdo de Florencia Rodríguez, presente a 50 años del golpe

A medio siglo del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, la memoria colectiva vuelve a reconstruirse a partir de relatos que durante años permanecieron silenciados. En Río Grande, una de esas historias es la de Florencia Rodríguez, una joven docente que perdió la vida durante la dictadura, y cuyo recuerdo sigue presente gracias al testimonio de su hermana, María Rodríguez.

Su relato, brindado tiempo atrás en una entrevista a Minuto Fueguino, permitió conocer en profundidad lo ocurrido aquella noche que marcó para siempre a su familia. Sin embargo, hoy María prefiere no volver a hablar públicamente: el dolor sigue intacto y, según trascendió, decidió no brindar nuevas entrevistas para no revivir todo lo que le tocó atravesar.

En aquel testimonio, María recordó con precisión y emoción los momentos previos a la tragedia. Contó que su hermana Florencia estaba a punto de regresar a Catamarca, ya que extrañaba profundamente a sus padres y tenía compromisos laborales como docente. Esa misma noche, amigas cercanas la convencieron de salir a despedirse.

“Era la medianoche y nos despertaron golpeando la puerta”, relató María. Quien llegaba con la noticia era la madre de una de las jóvenes que había estado con Florencia en el auto. Según reconstruyó, habían salido a tomar algo y luego decidieron dar una última vuelta por la ciudad. Florencia, consciente de que debía levantarse temprano, había pedido que fuera algo breve.

El recorrido incluyó una parada en la inauguración de un hotel y luego continuaron circulando por la avenida San Martín. Fue en ese trayecto, frente al Casino de Oficiales del BIM 5, donde ocurrió lo inesperado. En un primer momento, pensaron que se trataba de un ruido lejano, “como un cohete”. Pero segundos después, Florencia expresó que sentía dolor en las piernas.

“Dijo: ‘me duelen las piernas, me quiero bajar’”, recordó su hermana. Al observarla, sus amigas notaron que estaba herida. La sangre confirmaba que había recibido un disparo. Intentaron asistirla de inmediato y trasladarla al hospital, pero la gravedad de la herida —provocada por un disparo de fusil— hizo imposible salvarle la vida.

María también relató el desconcierto y la desesperación de las jóvenes que la acompañaban, quienes no habían escuchado nada debido a que circulaban con los vidrios cerrados y música en el vehículo. Lo que siguió fue una escena marcada por la tensión, el miedo y la confusión.

En su testimonio, también recordó lo que sucedió después, cuando la familia comenzó a buscar respuestas. Otras de sus hermanas y un sobrino también reconstruyeron cómo se enteraron de la muerte y el viaje que realizaron hacia Río Grande para acompañar el proceso.

Uno de los momentos más duros, según relataron, fue el regreso a su provincia de origen con el cuerpo de Florencia. “Se imaginan lo que fue volver con mi hermana muerta para entregársela a nuestros padres”, expresó su hermana en aquella oportunidad, con la voz quebrada.

La familia remarcó además el profundo vacío que dejó su ausencia. La describieron como una persona muy querida, “la más mimosa”, siempre contenida y acompañada por sus seres queridos. También destacaron su vocación como docente, recordando que tenía toda una vida por delante.

Con el paso del tiempo, distintas organizaciones y vecinos comenzaron a recuperar su historia, logrando que su nombre no quedara en el olvido. Para sus familiares, ese reconocimiento es fundamental: mantener viva la memoria de Florencia es también una forma de justicia.

Hoy, a 50 años del golpe, su historia vuelve a tomar fuerza como parte de la memoria colectiva de Río Grande. El testimonio que en su momento brindó María Rodríguez a Minuto Fueguino se transforma en un documento invaluable, que permite entender el impacto humano de aquellos años oscuros.

Sin embargo, el silencio actual de María también habla. Habla del peso de los recuerdos, de heridas que no cierran y de un dolor que persiste más allá del paso del tiempo.

En cada 24 de marzo, su voz —aunque hoy ya no quiera volver a exponerse— sigue presente en la memoria de una comunidad que no olvida. Porque recordar a Florencia es también reafirmar el compromiso de que historias como la suya no se repitan nunca más.

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