En el marco del programa de fortalecimiento educativo que se desarrolla durante el verano, la seño Adrián trabaja con grupos numerosos y diversos, donde conviven niños que recién ingresan a primer grado con otros que están próximos a comenzar la secundaria. “Hoy tuvimos 22 estudiantes de diferentes ciclos. Tenemos chicos que recién están ingresando a primer grado este año, hasta chicos que van a ingresar al secundario”, explicó.
Ante esta diversidad, la planificación es clave. “Las planificaciones que hacemos son diversificadas”, señaló, y detalló que las actividades se adaptan según el nivel de cada estudiante. A partir de un mismo disparador, como un cuento, se proponen consignas distintas para cada ciclo, con el objetivo de que “todos estén trabajando y todos estén fortaleciendo lo que ya saben”.
La organización del aula requiere flexibilidad. Adri contó que no siempre asisten los mismos chicos y que la matrícula puede variar semana a semana. “Uno no sabe con qué chicos se va a encontrar, así que en el momento también uno tiene que ir viendo en qué nivel está cada uno”, sostuvo, remarcando la importancia de tomar decisiones pedagógicas en función de cada realidad.
En cuanto al vínculo con las familias, destacó el trabajo personalizado: “Las evoluciones las hacemos uno a uno con los padres”. Muchos de ellos, explicó, se acercaron no solo por cuestiones pedagógicas, sino también por la necesidad de socialización de sus hijos. “Había padres que venían con miedo de que no se integraran”, pero el grupo logró consolidarse como un espacio de compañerismo y respeto.
La docente reconoció que existen dificultades en lectura y escritura, aunque valoró la predisposición de los chicos. “No se puede ver un avance en una semana, pero sí vemos la predisposición de los chicos a querer aprender”. En ese proceso, hizo especial hincapié en el fortalecimiento de la identidad: “Pusimos énfasis en que se hablaran por sus nombres, porque eso a ellos les da identidad y los hace sentirse parte”.
El trabajo pedagógico se combina con el juego, una estrategia que, según Adri, potencia el interés y la participación. “La verdad que los chicos se reenganchan cuando es juego, y cuando es competencia mucho más”. Las actividades lúdicas se adaptan a cada edad, desde el reconocimiento de letras en los más pequeños hasta desafíos de escritura más complejos en los mayores.
Además, el abordaje no se limita a lengua y matemática. “Es importante poder articular las áreas”, afirmó, y mencionó el trabajo con ciencias, el uso del diccionario y contenidos que no siempre están presentes en las planificaciones tradicionales.
Uno de los mayores desafíos —y también una sorpresa— fue la convocatoria en pleno verano. “Para serte sincera, no tenía mucha expectativa… no pensé que iban a venir tantos chicos”, confesó. Sin embargo, con el correr de los días, los propios alumnos invitaron a amigos y familiares, generando una asistencia sostenida e incluso jornadas extensas. “Hay chicos que están desde las once hasta las seis de la tarde con nosotras”.
Al cerrar, Adri dejó un mensaje claro para quienes aún no se animaron a participar: “Que se animen a venir, que no es aburrido”. Y también para las familias: “Aquí estamos nosotras para acompañarlos”. Consultada sobre qué necesita el programa, su respuesta fue contundente: “Lo que necesito son chicos… si nos quieren ayudar, manden chicos”.
Una experiencia educativa donde el aprendizaje, el juego y el acompañamiento van de la mano, incluso en verano, demostrando que la escuela también puede ser un espacio elegido.
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