La presencia de personas en situación de calle en la guardia del Hospital Regional Río Grande volvió a encender la preocupación entre pacientes y trabajadores de la salud. Según relatan quienes concurren habitualmente al nosocomio, durante los meses más fríos del año aumenta la cantidad de personas que utilizan las instalaciones como resguardo ante las bajas temperaturas, una problemática que lleva años sin una solución definitiva.
Desde distintos sectores del hospital señalan que la situación genera dificultades tanto para quienes buscan atención médica como para el personal que desempeña tareas en el lugar. Aseguran que, además de permanecer durante largas horas dentro del edificio, en algunos casos se producen discusiones, episodios de violencia y daños en las instalaciones.
Trabajadores del sector indicaron que muchas de estas personas atraviesan problemáticas vinculadas a consumos problemáticos o situaciones de extrema vulnerabilidad social. Según describieron, en ocasiones llegan al hospital en estado de intoxicación alcohólica, protagonizan conflictos entre ellos o mantienen actitudes agresivas hacia administrativos, enfermeros y médicos.
La situación también genera preocupación entre los pacientes que aguardan atención en la guardia, quienes deben compartir los espacios comunes en medio de un contexto que, aseguran, suele derivar en momentos de tensión. Desde el hospital recuerdan que no se trata de una problemática nueva, sino de una situación recurrente que se intensifica durante el invierno.
Frente a este escenario, reclaman una mayor presencia policial dentro del establecimiento para reforzar las tareas de prevención y brindar mayor seguridad tanto a trabajadores como a usuarios del sistema de salud. Señalan que los efectivos suelen intervenir con frecuencia ante distintos incidentes, aunque consideran que los recursos disponibles resultan insuficientes para atender la demanda diaria.
Al mismo tiempo, remarcan que se trata de una problemática social compleja que excede al ámbito sanitario. Diversas organizaciones e instituciones comunitarias brindan asistencia alimentaria, espacios de higiene y acompañamiento, pero muchas veces las personas afectadas no logran sostener los requisitos de permanencia establecidos en esos dispositivos.
Mientras tanto, la guardia del Hospital Regional continúa funcionando como uno de los principales refugios improvisados para quienes no tienen un lugar donde pasar la noche, una realidad que refleja el crecimiento de la vulnerabilidad social y que vuelve a plantear la necesidad de respuestas integrales para quienes atraviesan situaciones de extrema exclusión.
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