La discusión por la posibilidad de sumar un tercer carril en el puente General Mosconi volvió a tomar fuerza en Río Grande, aunque especialistas advierten que la medida no sería sencilla de aplicar. El ingeniero Fabio Zárate, especializado en estructuras y geotecnia, planteó que la alternativa presenta condicionamientos técnicos, dimensionales y de seguridad vial.
En diálogo con Radio Fueguina, Zárate sostuvo que antes de pensar en modificaciones sobre la traza actual debería evaluarse en profundidad el estado del puente. Según explicó, la estructura ya requiere tareas de mantenimiento y reparaciones, por lo que cualquier intervención debería partir de un diagnóstico técnico serio.
Uno de los puntos centrales señalados por el profesional tiene que ver con el ancho disponible. Indicó que los carriles deben cumplir con medidas mínimas reglamentarias, cercanas a los 3,60 metros, para reducir riesgos de accidentes, especialmente en condiciones de viento, hielo o calzada resbaladiza. En ese sentido, advirtió que aun eliminando una vereda no se alcanzaría el espacio necesario para una tercera vía permanente.
Zárate también remarcó que quitar la vereda implicaría retirar una protección que hoy funciona como barrera lateral. Por eso, afirmó que debería colocarse una defensa reglamentaria capaz de soportar impactos importantes, algo que la estructura existente no estaría preparada para resistir sin estudios y adecuaciones específicas. Incluso consideró que, en caso de habilitarse un espacio adicional, debería quedar reservado y no utilizarse como carril habitual.
Frente a estas limitaciones, el ingeniero insistió en que la solución de fondo sería construir un nuevo puente cercano al actual. Recordó que en 2023 se elaboró un anteproyecto para buscar financiamiento internacional, con una inversión estimada en unos 50 millones de dólares. La propuesta contemplaba una nueva estructura aguas abajo, con dos o tres carriles y una bicisenda, permitiendo organizar un puente por cada sentido de circulación y mejorar la conectividad en uno de los accesos más sensibles de Río Grande.
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