La exposición a emergencias graves, las dificultades para descansar y la necesidad de contar con acompañamiento profesional quedaron reflejadas en una investigación sobre los integrantes de la División Bomberos Río Grande de la Policía provincial. El relevamiento también identificó una disposición mayoritaria a recibir asistencia institucional, siempre que se preserve la confidencialidad.
El autor es Carlos Gabriel Cardozo Milán, quien obtuvo el título de Licenciado en Seguridad Pública en la Universidad Nacional de Tierra del Fuego tras defender un Trabajo Integrador Final que recibió un 10. Su estudio analizó el estrés y la contención emocional del personal durante 2025, a partir de encuestas anónimas a 20 de los 29 efectivos operativos y ocho entrevistas en profundidad.
Entre los resultados, el 85% de los encuestados indicó que había intervenido en emergencias de alta gravedad durante el último año y el 70% señaló haber tenido contacto con personas fallecidas. Las situaciones con menores de edad fueron mencionadas entre las experiencias que generan mayor impacto emocional.
El análisis también permitió observar dificultades que exceden lo vivido en cada intervención. El 80% identificó la falta de recursos y equipamiento como un problema frecuente o permanente, mientras que la mitad manifestó problemas para dormir y el 45% refirió agotamiento emocional.
“Los síntomas aparecen en niveles moderados, pero eso no significa que no haya impacto. En una cultura donde mostrarse vulnerable se vive como debilidad, mucho del malestar no se dice”, explicó Cardozo Milán al describir los resultados.
Una de las conclusiones del trabajo es que la División no dispone de un protocolo específico de acompañamiento emocional y que la asistencia institucional se pone en marcha principalmente cuando el trabajador la solicita. Sin embargo, el 65% de los consultados expresó que aceptaría ese apoyo bajo condiciones que garanticen la reserva de lo conversado.
Frente a las experiencias difíciles, los propios compañeros constituyen una fuente de contención. Las conversaciones que mantienen después de las emergencias les permiten repasar los procedimientos y compartir lo que atravesaron. El investigador reconoció allí una práctica espontánea de defusing, una herramienta de primeros auxilios emocionales.
“Sin saberlo, están aplicando una técnica reconocida de primeros auxilios emocionales, el defusing. Es una fortaleza enorme, pero ellos mismos reconocen que no alcanza sin un profesional”, sostuvo. Entre las entrevistas que aportaron al estudio estuvo la de Alicia Galfasó, especialista en Psicología y Psicotraumatología en la Emergencia y referente nacional de la Red PAE.
A partir de ese diagnóstico, la investigación propone incorporar el cuidado emocional desde la formación inicial de los policías, ofrecer capacitaciones para manejar el estrés y preparar referentes dentro de la División. También recomienda establecer acompañamiento profesional tras intervenciones con víctimas fatales o menores, sumar profesionales de salud mental, capacitar a quienes conducen las guardias y evaluar modificaciones en el sistema de turnos rotativos.
El planteo apunta a sostener una estrategia preventiva que contemple tanto la salud de los efectivos como su desempeño. “Cuidar emocionalmente a quienes intervienen en emergencias no es un beneficio accesorio. Es una condición para preservar la salud del personal y mejorar el servicio que se le brinda a la comunidad”, afirmó.
La elección del tema estuvo vinculada con la trayectoria de Cardozo Milán, quien integró el cuerpo activo de Bomberos Voluntarios de Río Grande antes de egresar, en 2017, de la Escuela de Cadetes de la Policía provincial. Luego trabajó en áreas de investigación y actualmente también se desempeña como instructor en gestión del riesgo y respuesta a emergencias.
La defensa se desarrolló el viernes en la sede Río Grande de la UNTDF. Patricia Varas presidió la mesa examinadora, que integraron además Fanny Sánchez y Esteban Rodríguez, mientras que la dirección del trabajo estuvo a cargo de los licenciados Ignacio Borrone y Pablo Alejandro Cabrera.
El nuevo licenciado formó parte de la primera cohorte del Ciclo de Complementación Curricular de Seguridad Pública, iniciado en 2022 mediante un convenio entre la universidad y el Gobierno provincial. Cerca de un centenar de policías y penitenciarios de Río Grande y Ushuaia comenzó esa propuesta de formación, que permitió abordar desde el ámbito académico problemáticas del servicio cotidiano.
Compartinos tu opinión