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Judiciales

La querella expuso chats y audios inéditos que desató un giro en el caso

En la séptima jornada del juicio por el crimen de Alexis Baciocchi, la querella abrió su alegato con un planteo central que marcó el tono de toda la audiencia: puso el foco en una serie de pruebas digitales que, según sostuvo, no habían sido incorporadas ni desarrolladas con esa profundidad a lo largo del debate y que ahora buscaban reordenar en una cronología precisa para reforzar su teoría del caso. Mensajes de texto, audios, capturas, conversaciones extraídas de teléfonos celulares, movimientos entre usuarios y hasta registros que, de acuerdo a las abogadas, permitían contextualizar el vínculo entre Florencia Mancilla y la víctima, fueron presentados como piezas clave para desmontar la versión defensiva y exhibir lo que la parte acusadora definió como un entramado previo de manipulación, amenazas y preparación.

El pedido de la defensa y la decisión del tribunal

Antes de ingresar de lleno en esa exposición, la defensa volvió a insistir con un pedido de resguardo para Florencia Mancilla, solicitando al tribunal que la etapa de alegatos no fuera transmitida en vivo o que, al menos, se adoptara alguna medida para preservar su intimidad, sobre todo por el material audiovisual que la querella anticipaba que iba a mostrar. Sin embargo, tanto la querella como la fiscalía se opusieron y el tribunal resolvió mantener el carácter público de la audiencia. Fue en ese contexto que la acusación comenzó una presentación minuciosa, apoyada en diapositivas, audios y reconstrucciones extraídas de distintos dispositivos, con el objetivo de demostrar que la historia no podía analizarse únicamente desde el momento del crimen, sino desde una secuencia mucho más amplia.

La estrategia: prueba objetiva y reconstrucción integral

La querella sostuvo que no iba a pedirle al tribunal una “conjetura”, sino que iba a intentar acreditar su teoría con prueba objetiva obtenida de los teléfonos y de documentación agregada a la causa. En esa línea, comenzó por describir a Mancilla a partir de su historia clínica, sus antecedentes en salud mental y los testimonios de profesionales que declararon en el debate. Pero rápidamente llevó el eje hacia aquello que buscó resaltar con mayor fuerza: las comunicaciones digitales, los mensajes de WhatsApp, las capturas guardadas, los audios y los intercambios que, según afirmó, permiten ver un cuadro mucho más amplio que el que hasta entonces se había discutido en la sala.

Capturas incompletas y reconstrucción cronológica

Uno de los puntos que más enfatizó la parte querellante fue que el alegato no se limitaría a las capturas difundidas por la propia imputada en redes sociales, sino que intentaría completar el contexto de esas conversaciones. Según explicó, parte de las pruebas exhibidas mostraban que algunos mensajes que habían sido presentados públicamente por Mancilla como evidencia de hostigamiento estaban recortados y omitían la continuidad del diálogo. A partir de ello, las abogadas trazaron una cronología que arrancó en 2017, siguió con el viaje que ambos habrían realizado a Buenos Aires en 2018 y se extendió hasta los días previos al homicidio, en diciembre de 2022. Para la querella, ese recorrido temporal era indispensable para demostrar que el vínculo entre ambos no era lineal ni podía reducirse a una única versión.

Reanudación del contacto y múltiples usuarios

En la audiencia se repasaron conversaciones en las que Mancilla, utilizando distintos usuarios, retomaba el contacto con Baciocchi. Según la exposición, a lo largo del tiempo ella aparecía con nombres diversos en redes o aplicaciones, mientras que Alexis habría mantenido siempre el mismo número y el mismo perfil. Ese detalle fue subrayado por la querella para cuestionar la hipótesis de una persecución constante por parte de la víctima. En la secuencia proyectada, se vieron mensajes en los que Mancilla se presentaba nuevamente, pedía hablar, decía querer disculparse por cómo lo había hecho sentir y aludía a errores del pasado. La acusación entendió que esas comunicaciones no eran compatibles con una relación exclusivamente signada por el miedo o por un hostigamiento unilateral.

Los “escraches” y el contexto omitido

Otro tramo especialmente desarrollado durante el alegato fue el vinculado a los denominados “escraches” publicados por Mancilla en diciembre de 2022. La querella afirmó que esas capturas habían sido exhibidas en forma parcial y que, al agregar los mensajes previos y posteriores, aparecía una conversación mucho más extensa, con provocaciones, respuestas ofensivas y una dinámica que —según sostuvo— no encuadraba de manera automática en una situación de abuso o coerción. La acusación remarcó que los intercambios de tono sexual debían analizarse en el marco de la intimidad y de la lógica del vínculo entre ambos, y no de manera aislada. A la vez, dejó planteado que el tribunal debía observar no solo lo que se publicó, sino lo que se omitió al difundir esas capturas.

El mensaje clave sobre la dirección

En ese punto, las abogadas también hicieron hincapié en una conversación del 27 de noviembre de 2022, porque la consideraron determinante para rebatir uno de los pilares del relato defensivo. Allí, según detallaron, era la propia Mancilla quien le proporcionaba a Baciocchi la dirección donde se encontraba viviendo en ese momento. La querella usó ese intercambio para cuestionar la idea de que Alexis la hubiera localizado por sus propios medios o la persiguiera sistemáticamente para saber dónde estaba. Por el contrario, afirmó que era ella quien le facilitaba el domicilio con el fin de concretar un encuentro, algo que, a criterio de la acusación, introducía una contradicción importante respecto de otras manifestaciones que se escucharon durante el juicio.

EVS: el otro vínculo bajo análisis

A medida que avanzó la exposición, la querella sumó otro elemento que buscó instalar con fuerza: la existencia de un interlocutor identificado como “EVS”, con quien Mancilla mantenía un vínculo telefónico y por mensajes mucho más intenso que el que habría tenido con Baciocchi. Según se expuso, en el teléfono secuestrado aparecían numerosas llamadas y conversaciones con ese contacto, incluyendo mensajes amenazantes, discusiones por dinero, menciones a transferencias y frases que la acusación interpretó como signos de presión, intimidación e incluso instigación. Para la querella, ese universo de comunicaciones era relevante porque sugería que la situación de violencia, dependencia y temor descripta por Mancilla al momento de acudir a organismos estatales no necesariamente tenía como destinatario a Alexis.

Audios, amenazas y tensión previa

Dentro de ese mismo bloque de prueba, se reprodujeron audios y mensajes en los que, según la acusación, quedaba al descubierto un estado de fuerte tensión emocional, reclamos económicos y expresiones violentas por parte de terceros vinculados al entorno de Mancilla. Una de las frases que más resaltó la querella fue aquella en la que ella misma advertía que, si alguien le hacía daño, podía reaccionar con extrema violencia. Esa clase de manifestaciones, para la parte acusadora, no eran un detalle menor: buscaban mostrar un patrón previo de impulsividad, de enojo acumulado y de amenazas que no estaban dirigidas a denunciar a Alexis como agresor, sino a exteriorizar un modo de vincularse atravesado por conflictos graves.

El audio del entorno familiar

La presentación también incorporó un audio atribuido a Joel Ibarra, hermano de Mancilla, en el que se escucharían amenazas dirigidas a Baciocchi. La querella consideró que ese registro tenía un valor especial porque, a diferencia de lo que —según dijo— la defensa no pudo demostrar respecto de amenazas de Alexis hacia Florencia, en este caso sí aparecía material concreto que daba cuenta de intimidaciones provenientes del entorno de la acusada. Esa pieza fue introducida para reforzar la idea de que el hostigamiento y la violencia verbal no circulaban en un solo sentido y que la víctima también había sido objeto de presiones.

La hipótesis económica

Pero uno de los aspectos más sensibles y, a la vez, más novedosos de la jornada, fue la exposición de conversaciones vinculadas a una supuesta estrategia para denunciar a Baciocchi y obtener un beneficio económico a partir de sus bienes. Según relató la querella, del contenido extraído de un teléfono surgían mensajes en los que Mancilla hablaba de Alexis como “un pez gordo”, mencionaba que tenía terrenos, casa y vehículo, y analizaba la posibilidad de avanzar judicialmente para impedir que se desprendiera de esas propiedades o abandonara la provincia. Las abogadas también trajeron a colación un audio en el que se la escucha hablar con otra persona sobre los costos de un abogado, la posibilidad de iniciar una denuncia y la eventual obtención de un acuerdo o resarcimiento. Ese material fue presentado como una prueba de enorme importancia para la acusación, porque intentaba demostrar que, detrás de la denuncia contra Alexis, existía también una motivación patrimonial.

Informes y movimientos bancarios

La querella complementó ese planteo con informes de inmobiliarias y movimientos bancarios. Allí sostuvo que había pedido específicamente esa documentación porque consideraba necesario contrastar lo que Mancilla había dicho en ámbitos institucionales respecto de la violencia económica y la convivencia con un supuesto agresor, con los registros objetivos de alquileres, contratos y transferencias de dinero. Según se explicó en la audiencia, no surgían movimientos bancarios entre Mancilla y Baciocchi, mientras que sí aparecían múltiples transferencias vinculadas a otra persona. Para la acusación, esos datos no eran laterales: apuntaban a desarmar la idea de una dependencia económica con Alexis y a mostrar que la situación denunciada por Mancilla podía referirse a otro vínculo.

“Los teléfonos hablan por todos”

En paralelo, la querella intentó sostener que los teléfonos “hablan por todos”, una frase que sintetizó buena parte de su estrategia. Desde esa perspectiva, el contenido extraído de los celulares fue presentado como una especie de memoria digital de la relación, capaz de exhibir conversaciones, contactos, capturas guardadas, cambios de usuario, llamados insistentes y secuencias que no habían sido visibilizadas del todo durante el juicio. Las abogadas insistieron en que justamente allí radicaba la trascendencia de esta séptima jornada: en poner sobre la mesa evidencia que, aunque pertenecía a la causa, no había sido integrada hasta ese momento en un relato continuo y ordenado que permitiera al tribunal evaluar el antes, el durante y el contexto inmediato del hecho.

El video y el supuesto “modus operandi”

También se hizo referencia a otro video que, según la querella, mostraría a Mancilla grabando una situación íntima con un tercero para luego utilizar ese material como herramienta de presión económica. Esa secuencia fue mencionada como parte de un supuesto “modus operandi” basado en el chantaje, la manipulación y el aprovechamiento de situaciones privadas para obtener dinero. Si bien la acusación reconoció la vulnerabilidad de la imputada y el contexto difícil de su historia personal, dejó en claro que, a su criterio, ese cuadro no alcanzaba para justificar un homicidio ni para trasladar automáticamente sobre Baciocchi la totalidad de las violencias que Mancilla decía haber atravesado.

Del mensaje “ayudame” al desenlace

En el tramo final de esa primera parte del alegato, la querella vinculó toda esa prueba digital con el día del hecho. Retomó el mensaje “ayudame” enviado por Mancilla a Alexis el 18 de diciembre de 2022, y lo ubicó como el punto de partida del encuentro que terminaría con el crimen. A partir de allí, su razonamiento fue que las comunicaciones previas, las reanudaciones del contacto, las propuestas, los pedidos, las contradicciones y los materiales nuevos exhibidos durante esta jornada permitían reconstruir una secuencia donde el desenlace no fue producto de una reacción espontánea frente a una agresión inmediata, sino el cierre de un proceso previo cargado de tensiones, planificación y elementos que, según dijo, desmentían la versión de un acoso sostenido por parte de la víctima.

Una jornada clave en la lectura de la prueba

De esta manera, la séptima jornada quedó atravesada por una fuerte disputa en torno al valor de la prueba digital. La querella no solo buscó alegar sobre lo ya escuchado en el debate, sino reordenar mensajes, audios, capturas, llamadas y registros bancarios para darles un sentido probatorio nuevo y más abarcador. Ese fue, precisamente, el eje sobre el que hizo mayor hincapié: demostrar que aún había material con peso específico que no había sido realmente incorporado en toda su dimensión durante el juicio y que, al ser expuesto de forma detallada en los alegatos, podía modificar la lectura integral del caso ante el tribunal.

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