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Malvinas

Tom, el perro de Malvinas: la emotiva historia del "artillero" de cuatro patas que dio la vida por sus soldados

La historia de la Guerra de Malvinas está repleta de actos de valentía, pero pocos son tan singulares y conmovedores como la de Tom, el perro que se convirtió en un símbolo de compañía y heroísmo en medio del conflicto bélico. Esta es la crónica de un animal que, sin ser un perro de guerra entrenado, terminó cumpliendo funciones vitales para la supervivencia de sus compañeros humanos, ladrando desde la eternidad para que su sacrificio no sea olvidado.

De Junín a las Islas: el polizón que no quiso quedarse atrás

Todo comenzó de manera inesperada en un cuartel de la localidad de Junín, en el centro de la provincia de Buenos Aires . Allí, el Cabo Liborio recibió una orden que cambiaría su vida: “Junte todo, ropa de abrigo, que nos vamos para el sur”. En medio de los preparativos y la incertidumbre del despliegue, un perro callejero comenzó a seguirlo persistente entre los capotes. El animal se le metió entre los pies una, dos y hasta tres veces, haciéndolo tropezar en plena tarea. Fue en ese tercer tropiezo cuando el Cabo Liborio, quizás por una mezcla de bronca y afecto, tomó una decisión impulsiva: alzó al perro, lo guardó entre los abrigos y sentenció: "Te venís con nosotros a Malvinas".

El viaje no fue sencillo. Protegido por el silencio cómplice de los soldados, Tom logró subir a un camión y, posteriormente, a un avión Hérculesque partió desde Comodoro Rivadavia con destino a las islas. Al aterrizar en suelo malvinense, el perro fue asignado informalmente a una brigada antiaérea, donde se convirtió en el "ser más querido y mimado" por la tropa. Sin embargo, su presencia debía ser un secreto absoluto; los soldados lo ocultaban entre bolsos, mochilas y sacos, dejando apenas un espacio para que su hocico pudiera asomar y respirar, evitando así que los superiores lo descubrieran.

Un radar de cuatro patas en el frente de batalla

A pesar de ser el "único perro civil" en las islas, Tom no tardó en comportarse como un verdadero artillero. En los momentos de calma, era el vínculo de los soldados con el mundo de la ternura, brindándoles el consuelo necesario ante la dureza del clima y la guerra . Pero cuando sonaban las alarmas, su actitud cambiaba drásticamente: se plantaba frente al cañón con la misma determinación que cualquier combatiente. Su mayor aporte fue su asombroso sentido del oído, cuatro o cinco veces superior al de los seres humanos . Tom era capaz de detectar la aproximación de los aviones británicos Sea Harrier mucho antes de que las alarmas electrónicas sonaran o los radares los captaran. Ante el peligro inminente, Tom era el primero en salir a buscar a los soldados que se encontraban más alejados para advertirles y el último en buscar refugio. Gracias a sus ladridos preventivos, se le atribuye haber salvado la vida a numerosos miembros de su brigada al advertir ataques que de otro modo habrían sido sorpresivos .

El último acto de servicio: el 11 de junio

El destino de Tom se selló poco antes del final del conflicto. El 11 de junio, apenas unos días antes de la rendición, a las 11:15 de la mañana, un avión británico realizó un bombardeo a muy baja altura sobre las trincheras argentinas. Fiel a su instinto y a su lealtad, Tom corrió para avisar a sus compañeros del peligro inminente.

Lamentablemente, en ese último acto de servicio, una esquirla de granada lo alcanzó, provocándole la muerte de forma instantánea. Desde aquel día, los restos de Tom descansan en las Islas Malvinas, compartiendo el suelo con los 649 héroes argentinos que dieron su vida en la contienda.

Un monumento a la lealtad eterna

La memoria de este valiente animal sigue viva gracias al esfuerzo de quienes conocieron su historia. El nombre Tom no fue elegido al azar: es un acrónimo de "Teatro Operativo de Malvinas" . Años después de la guerra, en la localidad de Ascensión, donde reside el Cabo Liborio, se erigió un monumento en honor al perro que cruzó el mar para acompañar a los soldados.

Para quienes no pueden viajar a Ascensión, existe una réplica de este monumento en el Museo de Malvinas, asegurando que el relato del perro artillero llegue a las nuevas generaciones . Como bien señala el Dr. Juan Enrique Romero, Tom no fue solo un animal de compañía; fue un símbolo de la humanidad que persiste incluso en los momentos más oscuros, un héroe de cuatro patas que hoy custodia la memoria desde la eternidad .

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