El vínculo con el agua marcó un antes y un después en la vida del deportista, quien encontró en el kayak una conexión distinta con el entorno. “En el kayak encontré una conexión muchísimo más profunda con la naturaleza que hizo que no pudiera despegarme”, expresó, al describir cómo esa relación se transformó en el motor principal de su proyecto.
Esa experiencia alcanzó uno de sus puntos más intensos en el canal Beagle, donde vivió encuentros cercanos con ballenas en situaciones poco habituales. “Es algo increíble, puede pasar un millón de veces y ese millón de veces te va a generar ese asombro”, relató. Para él, no se trata de hechos aislados, sino de momentos que dejaron una huella profunda: “la conexión cuando te encontrás con una ballena es enorme, es increíble”.
Según recordó, hubo episodios en los que los animales pasaron a escasos metros de su embarcación, incluso por debajo del kayak. “Nunca me había pasado un encuentro tan cercano”, afirmó, destacando la singularidad de esas vivencias que redefinieron su relación con la actividad.
En ese recorrido personal y deportivo, la Antártida aparece como el próximo gran desafío. “Es un lugar que te vuela el coco de lo hermoso, de lo imponente, de lo enorme”, sostuvo, al describir un territorio que definió como “prístina, salvaje y extremadamente frágil”. En ese escenario, explicó, se conjugan tanto el reto físico como el sentido simbólico de la expedición.
A diferencia de otras travesías, esta iniciativa busca trascender lo deportivo. Linares adelantó que pretende llevar su experiencia a las aulas: “Tengo ganas de empezar a contar por los colegios”, señaló. Además, proyecta la creación de “una red de embajadores”, con el objetivo de que el mensaje pueda replicarse y expandirse más allá del ámbito del kayak.
En cuanto a la planificación, el recorrido ya cuenta con una estructura definida. “La idea son 23 etapas, ya las tenemos definidas”, indicó, en referencia a una expedición que exigirá preparación, logística y adaptación permanente a condiciones extremas.
El proyecto también toma como inspiración una travesía histórica en territorio antártico. “Vamos a replicar lo que hizo la expedición de Gustavo Giró en 1962, con la diferencia de que ellos lo hicieron por tierra y nosotros lo vamos a hacer por mar”, explicó. Aquella expedición recorrió más de 1.800 kilómetros entre las bases Esperanza y San Martín, mientras que esta nueva propuesta contempla un trayecto marítimo de entre 900 y 1000 kilómetros, con el objetivo de cruzar el círculo polar a remo.
Finalmente, la iniciativa incorpora un componente solidario. “Todo lo que exceda los costos de la expedición va a ser donado al CAAD para el proyecto de su edificio propio”, aseguró Linares, subrayando que el desafío también busca generar un impacto concreto en la comunidad.
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