A una década de su implementación, la Unidad de Valor Adquisitivo (UVA) continúa siendo una de las herramientas más relevantes —y discutidas— del sistema financiero argentino. Creada en abril de 2016, permitió que miles de familias accedieran a su vivienda, aunque también generó cuestionamientos por su ajuste atado a la inflación.
El sistema fue impulsado por el Banco Central de la República Argentina con el objetivo de reactivar el crédito hipotecario. En ese marco, los préstamos UVA ofrecieron una alternativa con cuotas iniciales más bajas, lo que facilitó el ingreso de sectores que hasta entonces no podían acceder a financiamiento para la vivienda.
En estos diez años, cerca de 200.000 argentinos lograron convertirse en propietarios mediante esta modalidad. Hubo dos momentos de fuerte crecimiento: entre 2016 y 2018, y luego un nuevo impulso desde mediados de 2024, con más de 40.000 créditos otorgados en 2025 .
Sin embargo, el principal punto de conflicto del sistema radica en su mecanismo de actualización. Al ajustarse por inflación, las cuotas no se “licúan” con el paso del tiempo, como ocurre con otros préstamos tradicionales. Esto, si bien permite comenzar pagando menos, puede convertirse en un problema en contextos de alta inflación, donde las cuotas aumentan sostenidamente.
Durante los picos inflacionarios, especialmente hacia el final del gobierno de Mauricio Macri, fue necesario implementar medidas como refinanciaciones y topes para evitar que los deudores quedaran en situación crítica. Aun así, el sistema logró sostenerse en el tiempo.
Uno de los datos que destacan los defensores del esquema es la baja morosidad, que ronda apenas el 1%, lo que refleja que las familias priorizan el pago de estos créditos incluso en contextos económicos adversos .
Para el economista Lucas Llach, uno de los impulsores del sistema, la UVA tiene sentido justamente en economías inflacionarias, ya que permite ofrecer cuotas más accesibles al inicio. No obstante, el debate sigue abierto: mientras algunos valoran su capacidad para ampliar el acceso a la vivienda, otros cuestionan los riesgos de indexar deudas en un país con alta volatilidad de precios.
A diez años de su lanzamiento, los créditos UVA siguen vigentes y forman parte del escenario financiero argentino, combinando oportunidades de acceso a la vivienda con desafíos ligados al contexto económico.
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