La discusión por la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada volvió a poner en el centro de la escena uno de los puntos más sensibles del mercado locativo: qué cambia para propietarios e inquilinos si avanzan reglas más duras frente a la falta de pago. El aspecto que más impacto genera es la fuerte reducción de los tiempos para intimar deuda y recuperar un inmueble, una modificación que podría alterar de manera directa el funcionamiento de los alquileres.
El proyecto que se analiza en el Congreso plantea que, ante un incumplimiento, el plazo de intimación se reduzca a solo tres días. Ese recorte modifica de raíz la lógica actual, donde los conflictos suelen atravesar instancias más largas de negociación, regularización y tramitación judicial. Con esta reforma, el proceso sería mucho más veloz y con menos margen para extender la resolución del problema.
Desde sectores vinculados a propietarios sostienen que el cambio apunta a reforzar la seguridad jurídica y a reducir uno de los principales temores del mercado: no poder recuperar una vivienda en un plazo razonable. En esa línea, remarcan que hoy un juicio de desalojo puede demorar entre uno y tres años, mientras que con un proceso sumarísimo el trámite podría resolverse en pocos meses, con pruebas más acotadas y centradas en documentación objetiva.
La iniciativa no se limita solo a los alquileres. También incorpora modificaciones en materia de expropiaciones, regularización dominial, registros inmobiliarios y tierras rurales. Entre los argumentos a favor, se plantea que un marco más previsible podría incentivar inversiones, reactivar la construcción y generar un escenario más atractivo para que propietarios vuelvan a ofrecer inmuebles en alquiler.
En el sector inmobiliario ya observan un posible efecto anticipado. Algunos operadores afirman que, aun sin sanción definitiva, comenzó a crecer la expectativa de que más unidades regresen al mercado si se consolidan mecanismos ágiles para resolver incumplimientos. Bajo esa mirada, una mayor oferta podría influir también sobre los valores y generar más movimiento en un rubro que viene condicionado por la incertidumbre.
Sin embargo, la propuesta también despierta fuertes cuestionamientos. Especialistas y referentes de inquilinos advierten que acortar tanto los plazos puede debilitar garantías procesales y agravar la fragilidad habitacional de quienes ya enfrentan contratos más breves, subas frecuentes y mayores costos. Con ingresos inestables, sostienen, un plazo de apenas tres días para saldar una deuda podría derivar en desalojos más rápidos y en una mayor presión sobre quienes alquilan.
Así, el debate queda atravesado por dos efectos posibles: por un lado, más previsibilidad para propietarios e inversores; por otro, condiciones más exigentes para sostener el acceso a la vivienda. El verdadero alcance de la reforma dependerá no solo de su aprobación, sino también de cómo la apliquen los juzgados y de si los nuevos tiempos previstos efectivamente se cumplen.
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