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La UCA alertó por el deterioro del bienestar infantil en las ciudades

Casi dos de cada diez niños y adolescentes dejaron de asistir al médico o al odontólogo durante 2025 por motivos económicos, según el último relevamiento del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia de la Universidad Católica Argentina. El dato forma parte de un informe que amplía la mirada sobre el bienestar infantil en las zonas urbanas y expone cómo la pobreza impacta no solo en lo material, sino también en la salud emocional, los vínculos sociales y el recorrido escolar.

El estudio, elaborado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina, incorpora dimensiones que hasta ahora habían tenido menor presencia en la discusión pública, como la salud mental, las dificultades para acceder a ropa y calzado, la relación con los pares y la experiencia cotidiana dentro de la escuela. De este modo, el análisis busca mostrar que las privaciones no actúan de manera aislada, sino que se acumulan y profundizan las desigualdades desde edades tempranas.

Uno de los indicadores más preocupantes es la postergación de controles médicos y odontológicos. El informe señala que el 19,8% de los chicos no recibió atención de salud en el último año por limitaciones económicas, con una incidencia aún mayor entre adolescentes. La atención dental aparece como una de las más afectadas, reflejando que los costos y las dificultades de acceso terminan desplazando necesidades básicas de cuidado.

En paralelo, el relevamiento advierte sobre un deterioro emocional significativo. El 18,1% de los niños y adolescentes de entre 5 y 17 años presentó síntomas de tristeza o ansiedad, una proporción que se incrementa en la adolescencia y golpea con más fuerza a las mujeres. Además, los sectores más pobres exhiben una mayor exposición a este tipo de malestar, asociado a situaciones de estrés, conflictividad y condiciones de vida más inestables.

La investigación también pone el foco en el aislamiento social y en las barreras que enfrentan muchos chicos para integrarse con sus pares. Más de una cuarta parte tiene pocos amigos o dificultades para construir vínculos de amistad, una situación que luego repercute de manera directa en el aprendizaje. A esto se suma otra privación menos visibilizada: el 37,5% tuvo problemas para acceder a ropa o calzado durante 2025, mientras que una parte de ellos expresó malestar por no poder vestirse como el resto de sus compañeros.

En el plano escolar, el informe muestra que las dificultades exceden el rendimiento académico tradicional. Uno de cada diez estudiantes no disfruta ir a la escuela, mientras que el ausentismo docente y la suspensión de clases aparecen entre los factores de mayor peso sobre la percepción de aprendizaje. De hecho, el análisis concluye que los chicos no aprenden menos por la pobreza en sí misma, sino por un entramado de condiciones institucionales, emocionales y sociales que terminan limitando sus posibilidades.

A partir de estos resultados, la UCA plantea la necesidad de ampliar el enfoque de las políticas públicas. El informe sostiene que reducir la desigualdad infantil no pasa únicamente por mejorar ingresos o infraestructura, sino también por atender la salud mental, garantizar condiciones dignas de vestimenta, fortalecer los vínculos y mejorar la estabilidad escolar. La advertencia es clara: las privaciones invisibles también dejan huellas profundas en la infancia.

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