En Tierra del Fuego, la nieve es parte del paisaje cotidiano durante gran parte del año. Sin embargo, esa cercanía no se traduce en una práctica masiva de deportes de invierno. A pesar de contar con centros de esquí reconocidos y condiciones naturales privilegiadas, una gran parte de la población nunca tuvo una experiencia real en la nieve con equipamiento, principalmente por una barrera clave: el costo.
Hoy, acceder al esquí implica una inversión considerable. Una salida de dos días en el principal centro invernal puede representar para una familia de tres personas un gasto que va desde 1,2 hasta 2,3 millones de pesos, dependiendo de los servicios incluidos. Este monto contempla no solo el ingreso a las pistas, sino también alquiler de equipos, indumentaria, clases y alimentación.
Solo el pase diario ronda los 146 mil pesos por adulto y 102 mil para menores. En temporada alta, una familia tipo puede superar los 750 mil pesos únicamente en accesos por dos jornadas, cifra que baja a unos 350 mil en temporada baja. A esto se suma la opción del pase residente, que tiene un valor cercano a 1.800.000 pesos para adultos y 1.300.000 para niños, lo que implica una inversión elevada incluso para quienes buscan aprovechar toda la temporada.
Existen alternativas más económicas, aunque con diferencias en la experiencia. Espacios como Cerro Martial ofrecen propuestas de iniciación con costos más accesibles, mientras que otros centros invernales permiten un primer acercamiento a la nieve con actividades guiadas y menor inversión. Sin embargo, incluso estas opciones continúan representando un gasto significativo para muchas familias.
El escenario deja en evidencia una paradoja: en una provincia donde la nieve es parte de la vida diaria, el acceso a los deportes de invierno sigue siendo limitado. Lejos de ser una actividad extendida, el esquí continúa siendo una práctica condicionada por el poder adquisitivo, lo que marca una fuerte desigualdad en el disfrute de uno de los principales atractivos del territorio.
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