La violencia intrafamiliar contra niñas, niños y adolescentes volvió a quedar en el centro de la preocupación pública a partir de los últimos datos oficiales difundidos por la Oficina de Violencia Doméstica, organismo dependiente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
Según el relevamiento, durante 2025 se registraron más de 5.000 casos que involucraron a menores de edad, dentro de un total superior a las 10.000 denuncias por violencia doméstica. El número representa un incremento de más del 57% en comparación con 2024, cuando se habían contabilizado 3.182 presentaciones vinculadas a personas de entre 0 y 17 años.
El informe muestra que la mayor parte de las situaciones denunciadas ocurre dentro del propio entorno familiar. Los vínculos parentales concentran la mayoría de los casos, con una fuerte presencia de agresores varones, una tendencia que ya se había observado en 2024 y que se mantuvo durante el último año.
En relación con las formas de violencia, la psicológica continúa siendo la más frecuente. Sin embargo, también se advierte un crecimiento de las agresiones físicas: casi el 40% de los niños, niñas y adolescentes afectados atravesó este tipo de situaciones, por encima de los niveles registrados en el período anterior.
Por edades, el grupo más golpeado es el de chicos y chicas de entre 6 y 10 años, seguido por los menores de hasta 5 años. En tanto, en las franjas de mayor edad se sostiene una mayor afectación sobre niñas y adolescentes mujeres.
Otro indicador que marca la gravedad del escenario es el aumento de personas denunciadas. Mientras que en 2024 se habían registrado 3.484, en 2025 la cifra superó las 10.900, lo que refleja la expansión del problema y la necesidad de respuestas institucionales más firmes.
Los primeros datos de 2026 tampoco muestran una mejora. Solo durante enero se realizaron más de 1.100 evaluaciones de riesgo, con un incremento respecto del mismo mes anterior. Además, el 26% de los casos fue clasificado como de alto o muy alto riesgo.
Frente a este panorama, los números vuelven a poner en agenda la importancia de reforzar las políticas de prevención, detección temprana, asistencia y acompañamiento a las víctimas, especialmente cuando se trata de niñas, niños y adolescentes expuestos a situaciones de violencia dentro de sus propios hogares.
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