El interés por este visitante helado creció porque no se trata de un cometa frecuente. Fue descubierto el 8 de septiembre de 2025 por el sistema de telescopios Pan-STARRS, ubicado en Hawái, y los especialistas lo vinculan con la Nube de Oort, una región lejana del sistema solar donde se conservan cuerpos congelados que pueden permanecer miles de años antes de acercarse nuevamente al Sol.
Durante su recorrido, el cometa primero se acercó al Sol, etapa conocida como perihelio, lo que provocó el aumento de su actividad y brillo. Luego comenzó a avanzar hacia su máximo acercamiento a la Tierra, previsto para este fin de semana astronómico. En esa trayectoria, su cola de polvo y gases se volvió uno de los principales atractivos para observadores y fotógrafos del cielo.
La posibilidad de verlo dependerá de la ubicación, las condiciones del cielo y la contaminación lumínica. En cielos oscuros ya alcanzó visibilidad a simple vista, aunque no necesariamente será fácil de observar porque se encuentra muy cerca del resplandor solar. Desde fines de abril y comienzos de mayo, las mejores oportunidades se trasladarían hacia el hemisferio sur, especialmente con binoculares o equipos de observación.
De acuerdo con las previsiones astronómicas, C/2025 R3 podría convertirse en uno de los cometas más destacados de 2026. Sin embargo, los especialistas advierten que el brillo de estos objetos siempre es difícil de anticipar, ya que depende de cómo reaccione el núcleo helado al calor solar y de la cantidad de material que libere en su paso por el interior del sistema solar.
Por ahora, el cometa continuará alejándose luego de su aproximación a la Tierra, siguiendo una órbita extremadamente extensa. Ese largo viaje es justamente lo que lo vuelve especial: no se trata de un visitante habitual, sino de un cuerpo que podría tardar decenas de miles de años en regresar a las cercanías del Sol.
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