El monitoreo, realizado de manera coordinada entre Argentina y Chile, permitió confirmar nuevamente el delicado estado de conservación del ave, considerada una de las especies más particulares y amenazadas de la Patagonia austral.
El relevamiento formó parte del Proyecto Binacional Pluvianellus y se desarrolló durante seis jornadas consecutivas con la participación de 43 observadores distribuidos en 11 equipos de trabajo, que recorrieron 78 sitios estratégicos en distintos sectores patagónicos. Durante las tareas también se identificaron otras 84 especies de aves presentes en los ambientes monitoreados.
El foco principal estuvo puesto sobre el Chorlito Ceniciento, una especie endémica del extremo sur sudamericano que mantiene características biológicas poco frecuentes y cuya población viene siendo seguida con creciente preocupación por investigadores y ambientalistas.
Uno de los sitios destacados del relevamiento volvió a ser el humedal de El Calafate, donde se registraron 11 ejemplares, reforzando la importancia ecológica del lugar como espacio de reproducción y conservación.
En diálogo con medios santacruceños, el integrante de la Asociación Ambiente Sur, Germán Montero, remarcó que el ave posee rasgos excepcionales dentro de su grupo biológico. Según explicó, se trata de la única especie playera conocida que alimenta a sus crías mediante regurgitación, un comportamiento habitual en otras aves pero prácticamente inexistente entre este tipo de especies.
El Chorlito Ceniciento, conocido históricamente como “Toish-te” por el pueblo Selk’nam, fue identificado científicamente en el siglo XIX y desde entonces llamó la atención por su comportamiento y morfología. Los especialistas destacan además su forma particular de desplazarse y alimentarse, realizando movimientos rápidos y repetitivos mientras busca comida en humedales y costas patagónicas.
Durante años se creyó que la población mundial podía ubicarse entre los 1.500 y 7.000 individuos. Sin embargo, los censos simultáneos iniciados desde 2020 comenzaron a mostrar una realidad muy distinta. Los registros obtenidos hasta el momento nunca superaron los 400 ejemplares observados durante los monitoreos coordinados entre ambos países.
Ese trabajo conjunto impulsado por organizaciones ambientales argentinas y chilenas derivó en la consolidación del Proyecto Binacional Pluvianellus, una iniciativa orientada no solo a contabilizar ejemplares, sino también a generar herramientas de conservación y conocimiento científico sobre la especie.
Como consecuencia de estos datos, el ave fue recategorizada a nivel internacional y hoy integra la Lista Roja global bajo la categoría de “Vulnerable”, mientras que tanto Argentina como Chile la consideran formalmente una especie “En Peligro”.
Además, ambos países promueven su incorporación a acuerdos internacionales de protección de fauna migratoria para fortalecer estrategias de conservación frente a amenazas como la degradación de hábitats, alteraciones ambientales y cambios climáticos.
El desafío, advierten especialistas, sigue siendo enorme: preservar una especie única del sur del continente cuya supervivencia depende cada vez más del monitoreo científico, la cooperación binacional y el resguardo de ecosistemas clave de la Patagonia.
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