Lo que comenzó como una búsqueda personal terminó convirtiéndose en un giro total de vida. Romina Andrea Vera Crespo, nacida en Río Grande y madre de dos hijos, dejó atrás una rutina vinculada a oficinas y negocios familiares para abrirse camino en un ámbito históricamente dominado por hombres: el transporte pesado de combustible.
Durante años, su vida estuvo muy lejos de los camiones. Trabajó como encargada en una financiera y junto a su esposo atendía una verdulería familiar en Tierra del Fuego. Sin embargo, sentía que necesitaba un cambio profundo y buscaba una actividad que le permitiera reinventarse y comenzar de nuevo en cualquier lugar del país.
Mientras exploraba distintas posibilidades, realizó cursos y capacitaciones de diversas áreas, hasta que una publicación en redes sociales despertó algo distinto. Era una convocatoria de Scania destinada a mujeres interesadas en formarse como conductoras profesionales.
Sin experiencia previa en transporte de carga, decidió intentarlo. “Sentía que era para mí. Se lo contaba a todo el mundo como si ya supiera que iba a quedar. Y cuando me llamaron fue una locura porque había unas 3.000 mujeres anotadas y terminé quedando entre las 12 seleccionadas”, recordó.
Ese fue el punto de partida de una transformación inesperada. Romina jamás había manejado un camión, pero apenas tuvo contacto con uno sintió que había encontrado algo distinto. “Al camión o lo amás o lo odiás. No creo que puedas hacer esto si no te gusta de verdad. A mí me pasó que me subí y sentí algo enorme”, contó.
Tras su formación, comenzó a interiorizarse en el mundo de las cargas peligrosas, uno de los sectores más exigentes del transporte. Poco tiempo después surgió una oportunidad vinculada a YPF y empezó a desempeñarse transportando combustible en Tierra del Fuego, realizando recorridos entre Río Grande y Ushuaia, atravesando condiciones extremas de ruta y clima.
Fue precisamente en esos primeros viajes donde enfrentó uno de los momentos más difíciles de su carrera. Durante una intensa nevada tuvo que detenerse para colocar cadenas y pensó en abandonar. “Me bajé y lo llamé llorando. Le dije que no podía, que me parecía demasiado. Y él me dijo: ‘Sí podés. Bajá, poné las cadenas como practicamos y seguí’. Ese día fue clave para mí”, recordó sobre la ayuda que recibió de su instructor.
Tiempo después decidió dar otro gran paso: dejar Tierra del Fuego y mudarse a Mendoza junto a su familia. Sin conocidos ni contactos, apostó a empezar desde cero. Vendieron sus negocios y emprendieron una nueva etapa, aunque los primeros meses no fueron sencillos.
“Todavía hay muchísimo machismo”, reconoció al recordar las dificultades que encontró para acceder a oportunidades laborales dentro del sector.
La insistencia terminó dando resultados. Una empresa mendocina le abrió las puertas y comenzó a desempeñarse en el transporte de cargas vinculadas a bodegas y logística provincial. Más tarde recibió una propuesta especial: regresar al rubro del combustible y volver a trabajar con unidades de YPF.
“Fue volver al lugar donde había arrancado todo”, resumió.
Hoy Romina conduce camiones cisterna bajo estrictos protocolos de seguridad y asegura haber encontrado una profesión que la apasiona. También destaca el apoyo que existe entre mujeres del rubro y sostiene que la presencia femenina en el transporte llegó para aportar nuevas miradas y mejores condiciones laborales.
“Muchos piensan que por ser delgada no voy a poder. Pero hay muchísimas cosas que requieren más maña que fuerza”, expresó.
A sus 38 años, Romina asegura que la decisión de cambiar de rumbo transformó completamente su vida. “A veces uno cree que ya es grande o que no puede arrancar de nuevo. Pero yo sentía que todavía tenía muchísimo más para dar”, afirmó.
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