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¿Urea o sal? Qué conviene usar para derretir el hielo y la nieve

Con la llegada de las nevadas y las temperaturas bajo cero, vuelve el debate sobre cuál es el mejor producto para combatir la acumulación de hielo y nieve en calles, veredas y accesos: la sal o la urea. Ambas opciones son utilizadas durante el invierno, aunque presentan diferencias importantes en cuanto a efectividad, costos y efectos sobre la infraestructura.

La sal es el producto más difundido debido a su rápida acción para derretir el hielo. Al entrar en contacto con la nieve o la escarcha, reduce el punto de congelación del agua y facilita su derretimiento, mejorando la adherencia de vehículos y peatones.

Para utilizarla correctamente, se recomienda esparcir una capa fina sobre la superficie antes de que se forme hielo o inmediatamente después de una nevada. Un exceso de sal no aumenta significativamente su eficacia y puede generar mayores daños.

Entre sus principales ventajas se destacan su bajo costo, disponibilidad y rapidez de acción. Sin embargo, también presenta desventajas importantes: acelera la corrosión de vehículos, puede dañar el hormigón y el asfalto con el paso del tiempo y afecta la vegetación cercana a las zonas donde se aplica.

La urea, por su parte, también ayuda a derretir el hielo, aunque su acción suele ser más lenta. Se utiliza de manera similar a la sal, distribuyéndola sobre las superficies congeladas o con riesgo de formación de hielo.

Su principal ventaja es que resulta mucho menos corrosiva, por lo que genera un menor impacto sobre el asfalto, el cemento y los vehículos. Además, suele ser una alternativa elegida en lugares donde se busca preservar la infraestructura.

Entre sus desventajas se encuentran un costo más elevado y una menor eficacia cuando las temperaturas descienden de manera extrema. Asimismo, un uso excesivo puede generar efectos ambientales al incorporarse al suelo o a cursos de agua.

Respecto al asfalto, especialistas señalan que ninguno de los dos productos es el principal responsable de los baches. El mayor daño se produce por los ciclos de congelamiento y deshielo del agua que se infiltra en grietas y fisuras. No obstante, la sal puede acelerar ese deterioro al favorecer la penetración de humedad y afectar los materiales de la superficie.

Por ese motivo, mientras la sal continúa siendo la alternativa más efectiva para despejar rápidamente calles y rutas, la urea aparece como una opción más amigable con la infraestructura, aunque con un rendimiento menor frente a condiciones climáticas extremas.

En ciudades como Río Grande, donde las heladas son frecuentes durante gran parte del invierno, la elección entre sal y urea depende de un equilibrio entre eficacia inmediata, costos de mantenimiento y protección de la infraestructura vial.

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