Ante el crecimiento sostenido de los perros asilvestrados en los campos fueguinos, los productores ganaderos recurren cada vez más a perros protectores para resguardar los rebaños. Estos animales permanecen junto a las ovejas y desarrollan un fuerte vínculo con la majada, lo que les permite detectar amenazas y actuar como una barrera frente a posibles ataques.
El ingeniero Cabezas explicó que la principal ventaja de los perros protectores es su capacidad para mantenerse durante varios días concentrados exclusivamente en el cuidado del ganado. A diferencia de otros animales utilizados con el mismo objetivo, pueden desplazarse por grandes extensiones y acompañar a las ovejas en terrenos abiertos, una característica fundamental para los establecimientos rurales de Tierra del Fuego.
También se utilizan burros y llamas como herramientas de protección, aunque su efectividad depende del tipo de sistema productivo. Los burros suelen ofrecer mejores resultados en campos pequeños o en sectores donde los animales permanecen agrupados. En zonas extensas, en cambio, los perros cuentan con mayor capacidad de movimiento y adaptación.
Sin embargo, Cabezas aclaró que los animales protectores no resuelven definitivamente el problema. Funcionan como una medida preventiva que ayuda a reducir las pérdidas y permite una convivencia más segura con los predadores, pero el aumento de los perros asilvestrados obliga a incorporar cada vez más ejemplares para defender la producción ovina.
Según las mediciones realizadas, la cantidad de perros asilvestrados se habría multiplicado unas 18 veces entre 2014 y 2024. El fenómeno comenzó a detectarse en los campos fueguinos a principios de la década de 1990 y avanzó progresivamente, mientras distintas estrategias, como alambrados eléctricos, trampas y métodos de control directo, no lograron brindar resultados duraderos.
El especialista advirtió que estos animales ocupan actualmente el lugar de principal predador dentro del ecosistema fueguino. Al tratarse de perros domésticos adaptados a vivir sin contacto humano, sus ataques suelen ser desordenados y pueden provocar la muerte de numerosos animales, incluso más de los necesarios para alimentarse. En ese contexto, los perros protectores se consolidan como una de las herramientas más valiosas para disminuir el impacto sobre las majadas.
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