El nivel de producción refleja la gravedad del escenario. Según datos difundidos por la Fundación ProTejer, en enero las fábricas utilizaron solamente el 23% de su capacidad instalada, el resultado más bajo registrado para ese mes. Aunque en abril el indicador mejoró hasta el 42,4%, más de seis de cada diez máquinas permanecieron sin actividad.
Otro factor que afecta a la producción nacional es el fuerte crecimiento de las importaciones. Entre enero y mayo de 2026 ingresaron al país 26.651 toneladas de indumentaria, un 73% más que durante el mismo período de 2025. Si la comparación se realiza con los primeros cinco meses de 2022, cuando se importaron 7.801 toneladas, el incremento alcanza el 268%.
Mientras creció la llegada de prendas terminadas, disminuyó la compra externa de insumos destinados a la fabricación local. Las importaciones de tejidos de punto bajaron un 32%, las materias primas retrocedieron un 40%, los hilados cayeron un 51% y los tejidos planos disminuyeron un 52%. Para los industriales, estos números muestran que el avance importador no está fortaleciendo la cadena productiva, sino reemplazando parte de la producción argentina.
Las ventas también presentaron comportamientos diferentes según el canal comercial. Entre enero y abril, la comercialización total en supermercados cayó un 7,5%, aunque la venta de ropa aumentó un 3,5% interanual, impulsada en parte por la incorporación de prendas importadas de marcas internacionales. En los centros comerciales, las ventas generales retrocedieron un 14,6%, mientras que indumentaria, calzado y marroquinería registraron una baja del 4% frente a 2025.
Desde el sector advierten que todavía no existen señales claras de recuperación. Con plantas trabajando muy por debajo de su capacidad, empresas históricas en dificultades y una creciente presencia de productos extranjeros, la industria textil enfrenta un panorama marcado por la incertidumbre.
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