Las fuertes nevadas y las bajas temperaturas en zonas cordilleranas obligan a extremar los cuidados al momento de salir a la ruta. Conducir sobre nieve o hielo puede hacerse de manera segura, pero requiere respetar dos condiciones fundamentales: circular a baja velocidad y contar con neumáticos adecuados.
El único contacto del vehículo con el suelo son las cubiertas. Por eso, su estado, el dibujo, el compuesto y la presión influyen directamente en la adherencia. Si los neumáticos están desgastados, no son aptos para nieve o se circula a una velocidad mayor a la recomendada, aumenta el riesgo de que el auto no responda correctamente al volante o al freno.
En caminos con nieve seca y profunda, de más de 15 o 20 centímetros, bajar cerca de un 20% la presión de inflado puede mejorar el agarre, ya que permite que la cubierta apoye mejor sobre la superficie. Sin embargo, es importante contar con un compresor para volver a inflar los neumáticos cuando se retome el asfalto sin nieve, ya que circular con baja presión puede dañarlos.
Otro punto clave es el uso correcto de cadenas. No deben colocarse ante cualquier nevada, sino principalmente cuando hay presencia de hielo que impide la adherencia del caucho. Además, deben ir siempre en las ruedas que tienen tracción. En la mayoría de los autos actuales, al ser de tracción delantera, se colocan adelante. En vehículos de tracción trasera, deben colocarse atrás.
Con cadenas, la velocidad debe ser muy baja, entre 30 y 40 kilómetros por hora como máximo, para evitar roturas y mantener el control del vehículo. En rutas patagónicas, cuando las cadenas están en las ruedas traseras, se recomienda reducir aún más la velocidad para mejorar la dirección, especialmente en curvas.
Uno de los mayores riesgos es el llamado “hielo negro”, que suele ser difícil de detectar porque mantiene el color oscuro del asfalto. Generalmente aparece en sectores de sombra, donde el agua se congela y forma una capa resbaladiza. Puede advertirse como una zona opaca o apenas más oscura que el pavimento.
Si el hielo negro aparece en una recta, lo recomendable es reducir la velocidad antes de ingresar al sector y atravesarlo sin frenar ni girar bruscamente. Si se encuentra en una curva, se debe extremar la precaución y evitar maniobras repentinas, ya que cualquier movimiento brusco puede hacer perder adherencia.
También se aconseja evitar viajar muy temprano, antes de la salida del sol. En invierno hay menos horas de luz y las temperaturas más bajas se registran durante la madrugada, por lo que esperar algunas horas permite que ciertos sectores comiencen a descongelarse y mejora la visibilidad del camino.
Antes de iniciar el viaje, también es importante revisar los vidrios del vehículo. Si el parabrisas tiene hielo, no se debe activar el limpiaparabrisas, ya que puede estar pegado al cristal. Tampoco se recomienda arrojar agua fría, tibia o caliente: la primera puede aumentar el congelamiento y la segunda puede provocar la rotura del vidrio por el cambio brusco de temperatura.
La forma más segura de retirar el hielo es utilizar una espátula blanda o una tarjeta plástica, haciendo movimientos descendentes desde la parte superior del vidrio. Además, se recomienda encender el vehículo y dejarlo regulando al menos diez minutos, con la calefacción y el aire acondicionado activados a temperatura alta, para templar el habitáculo y facilitar la limpieza de los cristales.
Conducir en invierno requiere paciencia, planificación y atención permanente. Reducir la velocidad, anticipar maniobras, evitar frenadas bruscas y revisar el estado del vehículo son medidas fundamentales para circular con mayor seguridad en rutas con hielo o nieve.
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