El uso del dinero físico pierde terreno con rapidez en la Argentina. Las aplicaciones bancarias, las billeteras virtuales y los pagos mediante códigos QR o tecnología NFC se convirtieron en herramientas habituales para abonar desde servicios y transporte hasta compras en pequeños comercios.
Un estudio de Mastercard indicó que ocho de cada diez argentinos incorporaron medios digitales a su vida cotidiana. Entre quienes participaron de la encuesta, el 91% consideró que estas alternativas son más seguras, mientras que el 89% destacó su facilidad de uso. Sin embargo, los billetes todavía conservan presencia: el 52% afirmó haberlos utilizado durante los últimos seis meses.
La transformación también se refleja en los cajeros automáticos. De acuerdo con datos del Banco Central, en un mes se contabilizaron 40 millones de extracciones, un 33% menos que las 60 millones registradas un año atrás y un 56% por debajo de las 90,9 millones de 2024. El promedio descendió hasta 1,7 retiros por adulto, el menor nivel histórico.
La diferencia entre ambas modalidades se amplió considerablemente. En 2019 se efectuaban dos pagos electrónicos por cada extracción de efectivo, mientras que en 2025 esa relación llegó a 18 operaciones digitales por cada retiro. A su vez, las extracciones representaron el 6,2% del Producto Bruto Interno al cierre del último año, otro mínimo de la serie.
La multiplicación de cuentas también acompañó este proceso. Según COELSA, cada argentino posee en promedio ocho cuentas: cuatro identificadas con CBU y otras cuatro con CVU. Las aplicaciones del sistema financiero ya procesan $2,35 por cada peso que circula en efectivo.
Un relevamiento de ADEBA calculó que existen 6.181 millones de billetes en circulación, lo que representa una reducción interanual del 48%. De ese total, 1.639 millones corresponden a denominaciones de $1.000, 918 millones a billetes de $10.000 y 743 millones a los de $2.000.
Pese al retroceso, las entidades bancarias consideran que la cantidad de billetes continúa siendo elevada y podría seguir disminuyendo. Aunque el efectivo todavía cubre operaciones donde existen dificultades de conectividad, informalidad o falta de acceso tecnológico, el avance de las transferencias inmediatas muestra que el celular ocupa cada vez más el lugar que antes tenía la billetera.
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