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Río Grande

“Gallinas felices”: un emprendimiento local que nació con cuatro aves y terminó en una cooperativa

Lo que comenzó durante la pandemia con tres gallinas y un gallo terminó convirtiéndose en un proyecto productivo que busca ofrecer huevos frescos elaborados íntegramente en Río Grande. Juan Juárez reconstruyó los inicios de la iniciativa, las dificultades de producir bajo las condiciones climáticas fueguinas y el crecimiento que posteriormente derivó en la conformación de la Cooperativa XL.

Juárez llegó a Tierra del Fuego en 2013 y desde entonces mantiene una doble actividad laboral. Por un lado se desempeña en el sector industrial y, por otro, dedica parte de sus jornadas a la producción agropecuaria. “Mi jornada la divido en dos, que es la parte de agricultura y también mi actividad en relación de dependencia, tengo dos trabajos diarios”, explicó.

Su vínculo con el campo comenzó mucho antes. Nació en una pequeña localidad de alrededor de 1.800 habitantes donde la producción rural formaba parte de la vida cotidiana. Aunque profesionalmente se especializó como técnico en mantenimiento industrial, aseguró que aquella experiencia de la infancia nunca desapareció. “Uno aprendió y arrastra de su niñez, es como aprender a andar en bicicleta, lo lleva, por más que no lo hagas, lo lleva siempre con vos”, señaló.

La elección de la avicultura tampoco fue casual. Antes de instalarse en la provincia había estado vinculado al mantenimiento de establecimientos dedicados a la producción de aves y elaboración de alimento balanceado. Esa experiencia fue fundamental cuando decidió avanzar con un emprendimiento propio en un territorio donde las condiciones son muy diferentes a las del centro del país.

“El desarrollo es un poco complejo por el frío, por el viento, por las condiciones, por el agua, por un montón de factores”, describió Juárez. Sin embargo, aseguró que esas dificultades no impidieron avanzar: “Como tiene todo en contra, tiene mucho a favor. Nosotros nos asentamos en lo que está a favor y tratamos de llevarlo adelante”.

El proyecto comenzó en 2020 en una chacra del barrio Los Productores, en Margen Sur. Durante las restricciones por la pandemia decidió aprovechar el tiempo construyendo un pequeño espacio para criar aves. “Lo primero que hice es construir un pequeño galponcito chiquito y digo: tengo que conseguir gallinas, por lo menos para entretenerme con las gallinas”, recordó. Poco después consiguió de un vecino “tres gallinas y un gallo”, que marcaron el inicio de la experiencia.

A partir de allí comenzó un trabajo conjunto con el INTA para determinar si era posible sostener una producción durante todo el año. Los primeros ensayos fueron realizados con grupos reducidos de entre 25 y 30 animales. El objetivo inicial ni siquiera estaba puesto exclusivamente en la cantidad de huevos, sino en comprobar cómo responderían las aves al invierno fueguino.

“El primer año, el objetivo es que las gallinas estén todas bien, que transiten bien el año, que si ponían huevo, mejor”, explicó. Entre los desafíos estaba garantizar alimentación y, principalmente, disponer permanentemente de agua pese a las bajas temperaturas. “Tenemos acá que el agua no se congele, que la gallina tenga todo el día agua disponible para tomar”, detalló.

Superada aquella primera etapa experimental, el emprendimiento comenzó a incorporar más gallinas y apareció la posibilidad de comercializar la producción. La propuesta se concentró en ofrecer un alimento fresco, elaborado localmente y bajo un modelo diferente al utilizado habitualmente en sistemas industriales.

Juárez explicó que trabajan mediante el método popularmente denominado de “gallinas felices”, en el cual las aves tienen mayor libertad de movimiento. “Era un huevo fresco, que se producía localmente, que se producía con el sistema mundialmente conocido como con gallinas felices, o gallinas a patio, gallinas sueltas”, sostuvo.

El crecimiento no fue únicamente individual. Con el paso del tiempo comenzó a trabajar junto con otros productores, intercambiando experiencias y buscando fortalecer la actividad avícola en Río Grande. Ese proceso terminó desembocando en una nueva organización productiva. “Fuimos creciendo poco a poco, en un grupo cooperativo, al punto que una parte de ese grupo decidimos conformar una cooperativa, la que todos conocen como la Cooperativa XL”, relató.

De aquella primera experiencia con cuatro aves surgió así una producción que busca demostrar que, pese al frío, el viento y las particularidades geográficas, también es posible desarrollar alimentos frescos en Tierra del Fuego y avanzar hacia una mayor producción local.

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