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Ushuaia

Empresarios estarían dispuestos a aportar fondos para recuperar el histórico San Christopher

El histórico remolcador San Christopher, uno de los símbolos más reconocibles de la Bahía de Ushuaia, vuelve a quedar en el centro de la discusión por su avanzado deterioro y la falta de una intervención que permita preservar su estructura. Julio Lovece, autor de un nuevo libro dedicado a reconstruir la historia de la embarcación, advirtió que el estado actual es crítico y planteó la necesidad de avanzar con un programa de recuperación por etapas.

La publicación nació luego de años de recopilación de documentos y archivos históricos provenientes de distintos países. Lovece explicó que la investigación permitió reconstruir capítulos poco conocidos del barco, desde su construcción en Estados Unidos y su participación durante la Segunda Guerra Mundial hasta su posterior llegada a Tierra del Fuego. “Descubrimos parte de la historia casi oculta del barco, y la verdad que ha sido fascinante”, expresó.

Entre los hallazgos se encuentra documentación que permitió confirmar la participación de la embarcación, originalmente denominada ATR 20, en operaciones vinculadas con la Segunda Guerra Mundial. Lovece sostuvo que lograron certificar incluso su presencia en el desembarco de Normandía y reconstruir las tareas que realizó antes y después del conflicto bélico.

Sin embargo, el investigador puso especial énfasis en el presente del San Christopher. “El barco está en pésimo estado, hace poco colapsó la popa del barco, y no creemos que pueda aguantar mucho tiempo más”, alertó, al advertir sobre el riesgo de perder definitivamente un elemento que ya forma parte de la identidad visual e histórica de Ushuaia.

Para Lovece, preservar el remolcador no implica intentar devolverlo a condiciones de navegación, sino impedir que su estructura continúe deteriorándose. “La primera etapa sería tratar de que el barco no desaparezca, fortalecer la estructura del barco. No es restaurar el barco, ni mucho menos que el barco vuelva a navegar, eso es absolutamente imposible”, explicó. Su propuesta contempla un esquema progresivo de tres, cuatro o cinco años, comenzando por el refuerzo estructural y continuando posteriormente con reparaciones del casco, cubierta, pintura e iluminación.

El objetivo final, según detalló, podría ser transformar el sector en un museo de sitio integrado a un circuito histórico de la ciudad. Incluso cuestionó la escasa información disponible actualmente para quienes visitan el lugar. “Ni siquiera tiene un cartel en este momento el barco, ni siquiera tiene un cartel que diga San Christopher”, lamentó.

Lovece también fue crítico respecto de los intentos anteriores de recuperación. Recordó que hubo etapas en las que el proyecto estuvo cerca de concretarse, aunque posteriormente quedó paralizado. Sobre la actual situación afirmó que “se abandonó toda esa idea, no se hizo absolutamente nada” y señaló que sigue esperando que las autoridades municipales puedan retomar el proyecto anunciado para la embarcación.

En ese escenario, reveló además que existen empresarios de Ushuaia dispuestos a colaborar económicamente con una eventual recuperación. “Hay un par de empresarios locales que están dispuestos a poner plata para reparar el barco”, aseguró, aunque aclaró que la iniciativa necesitaría de la participación y las autorizaciones estatales para poder avanzar. “El barco es un bien colectivo que está ahí, que no hay que tocarlo más que para repararlo, sostenerlo, mejorarlo y embellecerlo”, remarcó.

Más allá de la recuperación física, Lovece consideró que preservar el San Christopher significa defender parte de la identidad turística y cultural de Ushuaia. “La ciudad no solamente es paisaje”, afirmó, y advirtió que la pérdida de bienes históricos podría reducir parte del atractivo que diferencia a la capital fueguina de otros destinos. “Somos una ciudad que tiene una historia y somos una ciudad que además representa el fin del mundo”, sostuvo.

El libro reúne fotografías, documentos, planos originales y material obtenido en archivos de Estados Unidos y el Reino Unido. Toda esa documentación también fue donada al Museo del Fin del Mundo para que pueda ser utilizada en futuras investigaciones. Lovece resumió el propósito de la publicación con una definición concreta: “La idea mía es que con el libro se difunda la historia, no hay otro ánimo que ese”.

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