La administración británica de las Islas Malvinas resolvió interrumpir temporalmente la segunda campaña de pesca de calamar Loligo luego de que los controles detectaran una disminución de la biomasa disponible. La decisión vuelve a encender señales de preocupación sobre uno de los recursos más importantes para la economía de las islas, donde la actividad pesquera representa alrededor del 40% de los recursos económicos.
La medida fue comunicada por el Departamento de Pesca el pasado 12 de agosto, tras consultas con las compañías que operan en el área. Por el momento no se trata de una clausura definitiva de la temporada, sino de una pausa mientras se realizan nuevas evaluaciones para establecer la cantidad y distribución del recurso.
Como parte de ese proceso, embarcaciones comerciales comenzaron a realizar arrastres específicos en diferentes sectores del caladero para aportar información adicional. Con esos datos se buscará determinar si existen condiciones para autorizar nuevamente las capturas y bajo qué restricciones podría reanudarse la actividad.
La situación contrasta con el escenario registrado a comienzos de 2026. Antes de la primera campaña del año se había estimado una biomasa de 41.725 toneladas de calamar Loligo, lo que permitió habilitar la actividad de 16 grandes buques arrastreros vinculados con empresas de capital gallego. Aquella temporada finalizó con capturas superiores a las 42.000 toneladas.
Uno de los parámetros utilizados para administrar el recurso establece que, al finalizar cada campaña, deberían permanecer al menos unas 10.000 toneladas de biomasa. Durante la temporada, los modelos se actualizan constantemente considerando las capturas realizadas, el esfuerzo pesquero y características de los ejemplares, como su tamaño y grado de madurez. Si las proyecciones indican que el stock podría quedar por debajo del límite fijado, las autoridades pueden reducir la actividad o suspenderla.
El calamar patagónico, denominado comercialmente Loligo y cuyo nombre científico es Doryteuthis gahi, posee un ciclo de vida aproximado de un año. Esa característica provoca que las variaciones entre distintas generaciones puedan modificar rápidamente la disponibilidad del recurso y generar cambios importantes incluso dentro de una misma temporada.
Los problemas no comenzaron este año. En 2024, la segunda campaña no pudo siquiera ponerse en marcha luego de que los estudios redujeran la estimación de biomasa desde 13.679 hasta apenas 6.828 toneladas. Durante 2025 también hubo cierres anticipados: la primera temporada fue acortada para proteger ejemplares inmaduros y la segunda terminó antes de lo previsto debido a una nueva disminución del recurso.
La preocupación también tiene un fuerte componente económico. La explotación pesquera es uno de los principales pilares de la economía desarrollada por el Reino Unido en las islas y las licencias representan ingresos millonarios. Durante el ejercicio 2023-2024, la recaudación vinculada con permisos pesqueros alcanzó aproximadamente 33,8 millones de libras esterlinas, mientras que para el período posterior se proyectaron ingresos superiores a los 36 millones.
El negocio del Loligo mantiene además una estrecha relación con empresas españolas, particularmente gallegas. Varias compañías registradas en las islas se encuentran asociadas con armadores de España, mientras buena parte de las capturas se procesa y comercializa posteriormente a través de puertos europeos.
Para la Argentina, estas operaciones forman parte de una explotación unilateral de recursos naturales en un territorio cuya soberanía continúa en disputa. El Gobierno argentino rechaza las licencias otorgadas por la administración británica y sostiene que el aprovechamiento de los recursos naturales en las aguas circundantes a las Islas Malvinas no puede ser decidido unilateralmente por el Reino Unido.
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