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Salicornia: la planta nativa fueguina que podría transformarse en una nueva actividad productiva

La salicornia, una planta nativa que crece naturalmente en las zonas costeras de Tierra del Fuego, aparece como una alternativa con potencial alimenticio, productivo y hasta exportador. El ingeniero Oscar Bianciotto, quien lleva décadas investigando esta especie, aseguró en declaraciones a Tren X que existen conocimientos suficientes para avanzar hacia una producción a mayor escala, aunque sostuvo que todavía falta inversión privada para desarrollar plenamente la actividad.

Bianciotto explicó que comenzó a estudiar la salicornia durante la década del 90, inicialmente en investigaciones vinculadas con el aumento de la radiación ultravioleta. Los primeros trabajos permitieron detectar que la planta desarrollaba mecanismos de defensa particulares frente a ese fenómeno, incrementando pigmentos protectores y antioxidantes. “Una reacción frente al fenómeno que le confiere propiedades singulares”, explicó.

Con el paso de los años, las investigaciones avanzaron sobre sus propiedades nutricionales. Según detalló Bianciotto, la salicornia contiene Omega 3 y Omega 6, proteínas y antioxidantes. “Tiene casi entre un 9 y un 14% de proteínas”, indicó, al tiempo que mencionó diferentes estudios internacionales que analizan sus posibles aplicaciones relacionadas con la alimentación y la salud humana.

El potencial natural de Tierra del Fuego es considerable. De acuerdo con los relevamientos realizados por el equipo del investigador, las principales superficies se encuentran sobre la costa atlántica. “La más importante, sin duda, es la bahía San Sebastián”, señaló Bianciotto, quien estimó que allí existen cerca de 25 mil hectáreas con presencia de salicornia, distribuidas de manera no homogénea.

A pesar de esa disponibilidad natural, el especialista remarcó que el objetivo no debería ser simplemente recolectar plantas silvestres, sino desarrollar cultivos controlados. Como antecedente mencionó una experiencia realizada en Playa Unión, Chubut, donde lograron producir salicornia en aproximadamente una hectárea utilizando agua salinizada proveniente de procesos vinculados con la industria pesquera.

“El objetivo final que tiene toda esta historia es lograr que la gente la cultive”, afirmó. Según explicó, la especie puede producirse tanto en superficies extensas como en pequeñas huertas e incluso en macetas. En las zonas costeras puede regarse con agua de mar, aunque también recibe naturalmente el aporte de las lluvias.

El ciclo productivo requiere paciencia. Bianciotto explicó que la planta necesita aproximadamente dos veranos antes de iniciar una cosecha regular. “Un verano para que crezca y el segundo verano para empezar a cosechar”, detalló. Una vez desarrollada, pueden cortarse sus brotes y permitir que vuelva a crecer, posibilitando incluso dos cosechas durante una misma temporada.

Sin embargo, el investigador hizo una advertencia especialmente importante sobre la recolección directa en las costas. Según los estudios realizados, la salicornia tiene capacidad para absorber contaminantes y metales pesados presentes en el ambiente. “Es una planta que absorbe contaminantes”, afirmó, y mencionó entre ellos plomo y arsénico. Por esa razón sostuvo que deben existir controles sobre el lugar de procedencia antes de destinarla al consumo humano.

Bianciotto indicó que algunas áreas presentan mayores riesgos que otras debido a la cercanía con residuos, actividad industrial o basurales. En cambio, destacó a San Sebastián como una de las zonas que todavía conserva mejores condiciones. “Hay costas que están limpias, hay marismas que están limpias, hay una gran mayoría de marismas que están contaminadas”, remarcó posteriormente al explicar por qué considera fundamental avanzar hacia cultivos registrados.

En gastronomía, la planta también comienza a ganar espacio. Conocida popularmente como “espárrago de mar”, puede utilizarse fresca, salteada, en pastas, arroces, ensaladas o como acompañamiento de pescados. También puede deshidratarse y utilizarse de una manera similar a la sal marina.

Las investigaciones realizadas fueron incluso más allá del consumo directo. Bianciotto contó que desarrollaron experiencias alimentando corderos con salicornia durante períodos determinados. “Le reduce el colesterol casi un 30% en los animales”, afirmó al describir los resultados de esos trabajos. También indicó que los animales mantuvieron su ritmo de crecimiento y produjeron una carne con menor nivel de grasa y un sabor característico.

Actualmente, la Fundación para la Agricultura, Alimentación y Salud Salicornia mantiene un cultivo experimental en Tierra del Fuego. Bianciotto aseguró que poseen alrededor de 800 ejemplares y que parte de la producción se comercializa principalmente entre restaurantes y en algunas ferias.

Para el investigador, uno de los principales avances fue lograr el reconocimiento formal del producto como alimento y consolidar un sistema de producción controlado. “Al ser cultivada tenés los controles y las certezas de que son cultivos que no están contaminados”, sostuvo. Bianciotto definió a la salicornia como “la primera hortaliza nativa patagónica”, debido a que se trata de una especie autóctona que pudo ser domesticada y llevada al cultivo.

La Fundación también brinda asesoramiento a quienes quieran iniciarse en pequeñas producciones. “Nosotros asesoramos a la gente”, afirmó Bianciotto, quien explicó que cuentan con experiencia en producción de plantines y acompañamiento técnico, mientras que para proyectos industriales se establecen acuerdos específicos.

Finalmente, Bianciotto consideró que Tierra del Fuego tiene una oportunidad para incorporar valor agregado y desarrollar nuevos emprendimientos alrededor de esta especie. “Es un producto alimenticio de alta calidad, es nativo de Tierra del Fuego”, sostuvo. Entre las posibilidades mencionó combinar salicornia con exportaciones de productos marítimos y generar empleo en las etapas de cultivo, procesamiento y comercialización.

“Falta alguien que se decida a invertir”, resumió el investigador. Para Bianciotto, el conocimiento científico, las técnicas de cultivo y la experiencia acumulada durante décadas ya existen; el desafío ahora pasa por transformar esa investigación en una actividad productiva capaz de generar alimentos, valor agregado y nuevas fuentes laborales en la provincia.

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